Los Atajos de Lobo son un ejercicio de agilidad verborrosa y a la vez una reverencia a la sabiduría en la que desembocan.
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Uno de esos para hacer de abuelo cebolleta y que uno siempre se sienta nieto más que abuelo sin tener en cuenta lo que le preceda.
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Uno de esos de segundas oportunidades para los que les ha dado la tercera por vencida.
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Un atajo para pellizcarse y seguir soñando aunque sea con lo peor, pues la realidad ya ha superado todos los estadios de la pesadilla interior.
Un atajo para seguir viendo de dos en dos cuando tenemos siempre menos de dos por cuatro.
Uno de esos para verlas venir y hacer como si nada o dártelas de morros habiéndolo hecho todo bien sin entender nada.
Un atajo para pasar el rato como a uno se le pegue la gana o las ganas le peguen para hacerlo con o sin desgana.
Uno de esos para aplaudirse de balcón adentro y volverse a lo vuelto de remate y sin remiendos.
Uno de esos para irse a la mi cuando en la mier te la da de dártelas con queso.
Uno de esos que aluden al arte de convertirse en lo que te permita ser pilar de aguanta, ya sea de virus, de frisos o de crisis escalantes.
Uno de esos para morder in ser castigados por ello, uno de esos para enarbolarse las prohibiciones y serpentear entre el bien y el mal de lo conveniente.