Carlos Alsina cuenta la historia de una conductora de autobús en Bogotá que denunció una violación mientras hacía su turno. La policía se puso a investigar y dieron con Alejandro Salamanca, un vendedor ambulante que coincidía con la descripción, pero poco a poco la versión de la víctima empezó a desmoronarse. Al final confesó que se lo había inventado todo para cambiar de trabajo.