En la hora de los oyentes, acompañados por el tenor Zapata, les preguntamos por esos ataques de risa incontrolables en situaciones poco oportunas. Manuel no pudo contener las carcajadas en un velatorio y a Pepa en un entierro el error del sacerdote les hizo romper a reír sin parar. Carmen fue a una boda en la que la novia se cayó del taburete y el párroco no era capaz de continuar con la ceremonia como consecuencia de la risa. Melchor aún recuerda cuando hace años ese sentó con unas señoras mayores en el bingo y a una de las mismas se le escapó una ventosidad.