El Hungaroring se ha apodado el “nuevo Mónaco” debido a su naturaleza técnica y a la dificultad para adelantar, con la diferencia de que no se corre a centímetros de los muros. Lo que podía haber sido un día de gloria para Ferrari y Leclerc, acabó siendo una victoria papaya más, esta vez le tocó a Lando Norris, que, tirando de épica, y aprovechando alguna carambola que otra, logró alzarse con el triunfo tras una carrera extremadamente estratégica.