10/04/2025

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Las virtudes de la toxina botulínica contra la migraña crónica

Avances neurológicos 

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Las virtudes de la toxina botulínica contra la migraña crónica

Enrique Corredera, especialista en neurología del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez, asegura que la aparición y aplicación de un tratamiento como la toxina botulínica marca un antes y un después en personas con migraña crónica

La salud es algo que siempre nos preocupa. Y hoy queremos prestar atención a un trastorno neurológico muy frecuente que, en función de su intensidad, puede llegar a ser muy discapacitante. Hablamos de la migraña. Por norma, genera episodios recurrentes de dolor de cabeza, de intensidad moderada a grave, que suelen durar horas o algunos días y pueden tener un alto impacto en la calidad de vida de la persona, limitando su actividad a nivel familiar, laboral y social.

Existen diferentes tipos de migraña. En el caso de la migraña crónica, las cefaleas afectan a la persona más de la mitad de los días durante más de tres meses seguidos, con las consiguientes consecuencias para el día a día. Pero ¿qué ocurre si los tratamientos sintomáticos habituales no funcionan?

Pues, tenemos al alcance una posibilidad: la aplicación de la toxina botulínica. Se trata de una de las opciones para la prevención de dolores de cabeza en los adultos con migraña crónica y que no han respondido adecuadamente o que son intolerantes a los medicamentos que se usan habitualmente.

Se trata de una opción “segura y probada para reducir la frecuencia y la intensidad de las migrañas, que contribuye a mejorar significativamente la calidad de vida” del paciente, según Enrique Corredera, especialista en neurología del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez, la toxina bloquea la liberación de neurotransmisores relevantes en la transducción del dolor, lo que produce una inhibición de la inflamación neurogénica y, secundariamente, sensibilización periférica y se reduce la sensibilización central, que es lo que finalmente explica la cronificación de la migraña.

El doctor Corredera señala que este tratamiento consiste en la infiltración con toxina botulínica que “se realiza con inyecciones de modo subcutáneo o intramuscular, poco profundo, con una pequeña aguja”. La aplicación se lleva a cabo en la zona del cuello y el cráneo, el proceso dura entre 10 y 15 minutos y después los pacientes pueden reanudar sus actividades diarias con normalidad

(Escucha la entrevista completa con Enrique Corredera, especialista en neurología del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez)