Luis Vives se vio obligado a permanecer en el extranjero con motivo de la persecución que sufrió su familia, de origen judío. Su padre, Luis Vives Valeriola, fue condenado en auto de fe y quemado en la hoguera en 1524, y los restos de su madre, Blanquina March Almenara, fueron desenterrados para ser quemados en 1529, 21 años después de su muerte.