La actriz Elvira Mínguez se revela en esta historia como una narradora con una energía extraordinaria, capaz de metabolizar todo su talento dramático y un profundo conocimiento de nuestra literatura en unos personajes trágicos e inolvidables. La lectura de esta novela terrible, y aún así traspasada por la misericordia, que es de la autora pero que nos atañe a todos, tiene el poder catártico, transformador, reservado sólo a las grandes historias.