En el programa 'Una tarde más' de Onda Cero, con Alicia Heras, el periodista y reportero de guerra Antonio Pampliega repasó su trayectoria, marcada por 18 años de coberturas en algunos de los conflictos más sangrientos del siglo XXI. Desde Irak hasta Afganistán, pasando por Ucrania, Somalia o Siria —donde fue secuestrado por Al Qaeda en 2015 durante 299 días—, Pampliega ha narrado los horrores de la guerra, tanto en hospitales llenos de víctimas como en calles atravesadas por francotiradores.
Hoy, con 43 años, reflexiona sobre un oficio que le ha dado prestigio y cicatrices a partes iguales, y presenta 'Cowboys en el infierno' de la editorial Diéresis, una novela que mezcla ficción y testimonio para contar la vida de dos corresponsales españoles en Alepo.
Una profesión marcada por la precariedad
Pampliega denunció la falta de protección y la precariedad económica que sufren los corresponsales freelance:
"Cuando un corresponsal aparece en televisión, la gente no sabe que quizá está cobrando apenas 100 euros por jugarse la vida. Con esa cantidad no puedes pagar ni un chaleco antibalas ni un seguro de vida".
Recordó además que muchos periodistas han de sacar de su bolsillo los gastos médicos en caso de resultar heridos en el frente, asegurando que tuvo que evacuar compañeros heridos sin saber cómo iban a regresar a España porque no tenemos seguros que lo cubran", explicó.
El precio personal de la guerra
Más allá de la exposición a la muerte, Pampliega subrayó el coste psicológico de este oficio. "La salud mental entre corresponsales es un tema tabú. Decir que vas al psicólogo o al psiquiatra genera desconfianza incluso entre colegas. Pero nadie está preparado para ver niños destrozados por la metralla o cerebros sobre el asfalto en un hospital de Alepo".
El reportero confesó que los traumas lo acompañaron durante años en forma de pesadillas y recuerdos persistentes. "Yo no me he cuidado durante mucho tiempo porque ni siquiera podía costear un tratamiento: me pagaban 35 euros por un reportaje y una sesión de psicólogo cuesta más del doble".
La esperanza y la familia como salvavidas
Pampliega, acompañado por su hija Ariana en el estudio, reconoció que la decisión de alejarse de los frentes responde también a su vida familiar. "Me he perdido demasiados cumpleaños, demasiadas Navidades. Hoy no cambiaría una noche de Reyes con mi hija por ningún encargo periodístico".
En este sentido, subrayó la importancia del apoyo emocional: "Gracias a Dios tengo mucho amor a mi lado: mi mujer, mis padres, mi hija. El amor es el motor del mundo y me ha salvado".
De la guerra al periodismo de investigación
El reportero confirmó que inicia una nueva etapa profesional vinculada a temas de narcotráfico y crimen organizado, lejos de los campos de batalla. "Se acabó pagarme yo mismo los viajes de guerra. También tengo derecho a una vida estable. Pero seguiré haciendo periodismo, aunque desde otro frente".

