Cuántas veces hemos podido decir la frase “si hubiera hablado…”. “Si hubiera dicho esto, qué hubiese pasado… o qué podría haber evitado…”
Seguro que a más de un porfinero le ha ocurrido. A veces no sabemos cómo actuar ante ciertas situaciones y optamos por el silencio.
El problema viene cuando esa inacción, afecta a los demás.
Hace apenas unas semanas hablamos de la historia de Sandra Peña, la menor de catorce años que se quitó la vida en Sevilla tras sufrir acoso escolar. Su caso volvió a cuestionar si el sistema está preparado para proteger a las víctimas.
Alguien que sabe bien lo que es pasar por esa situación es Ismael Cervera. Este granadino, que ahora tiene 24 años, cuenta que su etapa en el colegio y en el instituto no fue precisamente un camino de rosas. Sus acosadores convirtieron cada gesto, cada broma, en una burla. Lo que más denuncia es que “nadie nunca hizo nada” al respecto.
Él, lejos de dejarse vencer, transformó lo que había vivido y lo convirtió en música. A través de sus letras, de sus canciones de rap (como la que estamos escuchando) decidió dar voz a las víctimas de acoso y convertirse en activista. Ahora es conocido como Annarce, “el rapero de las causas sociales” y recorre los centros escolares de nuestro país compartiendo su experiencia.
Ismael, Annarce, tiene muy clara la importancia de lo que hace: "Considero que es súper importante dar voz al acoso escolar y a lo que está ocurriendo. Y pienso, por ejemplo, que el tema de Sandra Peña ha sido tristemente un altavoz que se puede aprovechar para que lleguemos a parar esto de una vez por todas."
Él sabe bien de lo que habla, lo sufrió en su persona: "Todo empieza cuando yo tengo una hermana enferma de anorexia, lo que lo que hace que en casa todo se convierta en caos. Mi padre decide marcharse de casa para no volver y bueno, mi madre decide que es un momento perfecto para empezar una vida desde cero. A mí me cambian de colegio, me cambian de casa, me cambian de vida. (...) Y es ahí justo cuando cuando empiezo a mitad de trimestre de 6.º de primaria en un nuevo colegio, yo no estaba muy bien a nivel emocional. Yo me convertí en carne de cañón rápidamente. Era un chico bastante despistado, con apariencia débil. Lloraba a menudo por lo que estaba pasando en mi vida. Me convertí en en la diana de sus risas, burlas, insultos... Todo empezó por ahí. Empezaron con risas, luego empezaron a empujarme por las escaleras, luego empezaron a escupirme en el pelo, a dejarme solo en el recreo. Yo no tenía amigos, nadie quería ser amigo del pringado de la clase. Y así fue como fue evolucionando, cada vez yendo a más, a más, a más y hasta no parar."
Hablamos sobre la inacción, clave en estas situaciones: "Nadie hizo nada. Sí que había profesores que eran conscientes de que esto, de que eso estaba ocurriendo porque podía ver sus miradas. Pero ocurría. Ocurrió lo de siempre. O pensaban que eran juegos de niños o pensaban que no iba con ellos. Y esto es muy triste porque muchos docentes a día de hoy llegan a su trabajo, hacen sus horas y salen del instituto sin implicarse emocionalmente ni a nivel educativo en este aspecto tan importante como lo es el acoso escolar y la importancia de la salud mental en nuestros jóvenes y adolescentes."
