En España, casi la mitad del alumnado de entre 14 y 18 años reconoce haber visto pornografía en el último mes, y el móvil es el dispositivo usado principalmente (92,4%).
Este libro pretende ser una respuesta a lo que muestran esas cifras. «Cuando la cigüeña empezó a ver porno» es una guía para que los padres sean conscientes de los riesgos que hay tras las pantallas y para que cuenten con herramientas: no para prohibir, sino para dar criterio a sus hijos —cerrar una ventana a tiempo, pedir ayuda sin vergüenza y recordar que la sexualidad real también va de cuidado, respeto y empatía—.
Hablamos con las autoras de ‘Cuando la cigüeña empezó a ver porno’, la ginecóloga Miriam Al Adib y la sexóloga Diana Al Azem.
Diana ya dejó claro desde el principio hacia donde apuntan los estudios y los expertos: "Tenemos que contar con el hecho de que su cerebro todavía no está desarrollado. Sí que es verdad que las emociones son una montaña rusa, pero sin embargo, lo que es la corteza prefrontal, que es la que un poco nos frena a realizar actividades peligrosas, pues todavía no está desarrollada, entonces ellos todavía no tienen conciencia para saber si lo que están haciendo está bien o está mal. Es una adicción, no solo si está bien o está mal. Es que al final se distorsiona toda la visión que tienen sobre la sexualidad, puesto que no tienen un ejemplo en el que basarse."
Miriam, por su parte, dejó claro que no es un problema la propia curiosidad en cuanto a la sexualidad que muestran los adolescentes: "Empiezan, por esos cambios hormonales, a tener cierta curiosidad por la sexualidad. Evidentemente esto es natural y van a necesitar información. Si no hay educación sexual de calidad, esa información ¿Dónde la van a buscar? En la pantalla, que es muy fácil. A poco que busques algo de sexualidad en las pantallas, el porno es lo primero que te sale."
De hecho, es que lo jóvenes viven una mentira, y Diana lo tiene claro: "La realidad que tenemos en la vida cotidiana es absolutamente otra. Si ellos creen que esto tiene que ser así, las propias chicas ahí tenemos parte de esa gran presión social que no solo vemos en las redes sociales: El querer estar siempre guapa, estar siempre maquillada, estar siempre con una piel perfecta, sino que además a través del porno acaban queriendo a toda costa llegar a una imagen que que que no tienen, que no es real."
