Era el 8 de marzo de 2014. Estaba en Sevilla, su tierra, y las entradas para su concierto, en el Palacio de Exposiciones y Congresos, se habían agotado. Pastora Soler estaba atacada de los nervios. Le preocupaba que la voz le fallase. Cuando llevaba poco más de una hora sobre el escenario, su cabeza empezó a gritarle: “No voy a llegar a las notas más altas. Me voy a desmayar”. Ella siguió dándolo todo. Pero cuando terminó de interpretar “Cambiando” junto a la tuna de la Facultad de Turismo de la Universidad de Sevilla, un cañón de luz la iluminó y todo se fundió a negro. Se desmayó.
Ocho meses después, durante un concierto en Málaga se quedó sin voz y un día después, publicó en sus redes sociales un comunicado en el que anunciaba su retirada de la música. Sufría “miedo escénico”. El origen de todos sus males se llamaba Pastora Soler… la “voz de España”… la artista que arrasó en 2012 en Eurovisión.
Hacía mucho tiempo que Pili -la niña llena de ilusiones- y Pilar Sánchez Luque- la mujer que quería encontrar el control de su vida- se encontraban en un segundo plano. Pastora Soler se había olvidado de cuidarlas y mimarlas. La artista se había “comido” a la persona. Durante dos largos años, tuvo que luchar contra su mente para encontrar el equilibrio.
Ahora, once años después de su retirada y una vez recuperada de aquellos episodios, ha querido plasmar su experiencia y sus sentimientos en sus memorias. Un libro que lleva por título, “Cuando se apagan las luces, aparecen las estrellas”.
Con la perspectiva que te aporta el tiempo, Pastora Soler ha reflexionado sobre aquel episodio: "Han pasado ocho años. Yo llevo ocho años subiendo en un escenario y sobre todo, siendo feliz y volviendo a disfrutar. Sí no, no podría haber estado. Ni siquiera hubiera vuelto... porque mi idea era no volver. Pero sí es verdad que tampoco yo he querido olvidarlo. Yo siempre he hablado abiertamente de todo lo que me pasó."
