La librería Rafael Alberti abrió sus puertas el 2 de noviembre de 1975, cuando el país aún vivía bajo la sombra del franquismo y la libertad era más un anhelo que una realidad.
Ponerle el nombre de un poeta comunista exiliado fue un gesto cargado de significado que convirtió a la librería en blanco inmediato de la violencia ultras: atentados, incendios, amenazas y miedo cotidiano acompañaron sus primeros pasos.
Fundada por Enrique Lagunero con el apoyo de su hermano Teodulfo, militante comunista y figura clave de la oposición, la Alberti nació como un espacio cultural sitiado, pero firme en su convicción de que los libros podían ser un lugar de encuentro y resistencia en tiempos convulsos.
En 1979, el proyecto cambió de manos y de rumbo sin romper su hilo invisible. Lola Larumbe y sus socios llegaron casi por azar y se quedaron por compromiso, reconstruyendo la librería desde el entusiasmo, el trabajo colectivo y la reinversión constante.
Hoy, sigue en pie como un lugar donde el tiempo se detiene entre estanterías diversas, defendiendo la literatura y demostrando que, cuando los libros importan, una librería puede ser mucho más que un negocio, llegando a convertirse en un centro cultural de Madrid…
En su 50 aniversario ha sido galardonada con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes.
Y hoy, Lola nos desvela que les contó Enrique Lagunero: "Muchísimas cosas, la verdad. Y también nos contaron muchas cosas libreros que trabajaron en esos años. Nos contaron el miedo que tenían en la librería nada más abrir. Abrieron en noviembre y antes de que terminara el año ya habían tenido cinco atentados. Entre el 7 de noviembre del 75, 76 y mediados del 77 fueron veintitantos atentados importantes con disparos a los escaparates, con incendios, con bombas. Es decir, contaron el miedo que pasaban por el mero hecho de vender libros"
Pero también cómo se hizo cargo de la librería: "Éramos tres amigos y nos gustaban mucho los libros, la lectura, la literatura. Eran tiempos de avidez de lo cultural, de avidez por los libros, por el teatro, por el cine. Y entonces un día se nos ocurrió ¿Por qué no montar una librería? No teníamos experiencia, no sabíamos nada. Teníamos dinero y siempre estábamos deambulando por Chueca. Y buscamos un local en Chueca y ya lo cogimos. Y al poco tiempo, paseando un día por Argüelles, que era nuestro barrio vimos que la librería Alberti tenía un cartel de cerrado, hablamos con Enrique y nos dijo: No, no, no os vendo nada, pero si queréis se traspasa la librería. Y claro, entramos en la librería Alberti y la sensación, pues de la altura que tiene de ese aire blanco y azul tan bonito de la fachada con todos los azulejos, las lámparas... Pues nos quedamos impresionados y quedamos seducidos por la belleza del espacio, del lugar, del nombre y de esa historia que solamente eran cinco años de historia, pero que ella tenía carisma"
Unos inicios que no fueron sencillos: "Éramos muy jóvenes. Yo tenía 20 años recién cumplidos y mis compañeros pues pues 23, 25, y no teníamos medios ni teníamos nada. Teníamos la juventud, la alegría, la amistad. También de muchos amigos que nos apoyaron, que nos apoyaron de las familias y gracias a eso y también a un compromiso que adquirimos con la librería conseguimos que no cerrase."
