Los sombreros son accesorio que no pasan desapercibidos, incluso acaban teniendo identidad propia, más allá de la persona que lo lleva. Hay tantos tipos… Clásicos, australianos, pamelas, está el modelo cordobés, el de cowboy, las chisteras, el bombín… y a todos no nos sienta bien el mismo. Es un complemento que hay que saber llevar.
Mirando a la gran pantalla, nadie se podría imaginar al mítico Indiana Jones sin el suyo o a Kate Winslet en las primeras escenas de Titanic con ese de ala ancha, morado, con el lazo al frente. Pero si hay una persona que ha defendido este complemento en nuestro país es Joaquín Sabina. El artista ha hecho de su bombín un elemento principal tanto dentro como fuera del escenario.
Si retrocedemos un poco más en el tiempo, otros grandes defensores de este accesorio y que lo hicieron también su seña de identidad fueron los Payasos de la tele. Da la casualidad que tanto Sabina como el mítico grupo fueron en alguna ocasión a la misma tienda a buscar el sombrero que al final les acabó acompañando toda la vida.
Bajando desde la Plaza Mayor de Madrid, se puede llegar al número 12 de la calle Imperial. En él, un escaparate lleno de sombreros de todos los colores pone cara a la mítica Sombrerería Medrano. Un negocio que lleva cerca de 200 años en pie y que se ha convertido en el más antiguo de España de este tipo.
En la actualidad, es la familia que le da nombre, Medrano, la que está enfrente de la tienda y del taller de fabricación. Son artesanos y en su interior hay más de 20.000 ejemplares. Lo mismo adornan las cabezas de un paje real, que de un actor de musicales o ambientan películas de cineastas como Alejandro Amenábar.
Detrás de todo ello, con solo 33 años, está Héctor Medrano. Él es la tercera generación de una familia que sigue defendiendo que “esto es lo suyo”.
