Rafael Narbona, filósofo y escritor, ha regresado a las librerías con "Elogio del amor", un ensayo honesto que explora la trascendencia del amor como fuerza fundamental que da sentido a la vida. En "Por Fin" de Onda Cero, Narbona compartió cómo su experiencia personal, marcada por diferentes zarpazos vitales, le ha llevado a profundizar en este tema universal.
"Si no hubiera sido por el amor de mis amigos, por el apoyo de mi mujer, por el amor de mis animales, yo creo que no habría podido soportar todos los zarpazos que me ha dado la vida", confesó el autor, quien perdió a su padre cuando tenía ocho años y posteriormente vivió el suicidio de su hermana mayor.
El hilo conductor del libro es la experiencia de acompañamiento durante la enfermedad de su esposa Piedad, quien recientemente superó un proceso oncológico. "El amor, pues, nos hace, entre otras cosas, descentrarnos, salir de nosotros mismos, no estar tan pendientes de nuestro ego, del éxito, del reconocimiento social", reflexiona Narbona, quien destaca que el amor se manifiesta especialmente en situaciones de fragilidad.
Frente a quienes promueven la idea de "ser fuertes" ante la adversidad, Narbona se muestra crítico: "Yo creo que es muy injusto decirle a alguien 'sé fuerte', porque si no lo es, ¿qué va a hacer? ¿Avergonzarse? Lo que hay que hacer cuando alguien sufre es acompañarle, escucharle, ponerse en su lugar".
En su obra, Narbona distingue entre el enamoramiento, "un estado casi neurótico", y el amor como compromiso: "El amor sobre todo se manifiesta en las situaciones de precariedad, de fragilidad. El amor es adquirir el compromiso de cuidar y además vivirlo con alegría, no como una carga".
El autor, quien lleva 40 años con su esposa, insiste en que "el amor hay que tomárselo muy en serio" y destaca que "estar con una persona a lo largo de toda una vida te permite darle unidad y continuidad a tu existencia". Respecto a cómo alimentar el amor, Narbona es claro: "El amor se alimenta con el contacto... con experiencias compartidas, con viajes, con salidas". Y concluye con una reflexión contundente: "Si le quitamos a la vida el amor, la amistad, nos quedamos con cosas totalmente pueriles. Un reloj de 400.000 euros no te da la felicidad y si te lo llevas a la tumba no sirve de nada".
