Disney ha anunciado que vuelve el show de Jimmy Kimmel. Ha pasado una semana desde que Trump amenazó a la cadena, el propietario canceló el show, empezaron los apoyos masivos a Kimmel (tanto de izquierdas como de derechas) y miles de cuentas de Disney + empezaron a cerrarse. La compañía cayó en bolsa, se produjo el pánico y ahora salen diciendo que nunca cancelaron el programa, sino que lo pusieron en pausa para dejar pasar el acaloramiento social tras el asesinato de Charlie Kirk. Son unos cobardes.
Destaco una diferencia con otro despido de Disney por ideas políticas: el de la actriz Gina Carano, de The Mandalorian, que ni siquiera se ganaba el sueldo soltando sus perlas ideológicas, sino que lo perdió por expresarse en redes sociales a favor de Donald Trump. En aquella ocasión, quienes ahora claman por la libertad de expresión fueron a por ella por el mismo cauce, las redes sociales, y cuando la compañía hizo lo mismo, echarla, no sólo nadie protestó, sino que personas como Jimmy Kimmel aplaudieron.
Es un buen momento para recordar la diferencia entre censura y cancelación. Trump, con el poder del Estado, presionó para cerrar el programa de un cómico que le molesta . La compañía se amedrentó, obedecieron la orden, pero la presión social les ha asustado más y por eso lo reintegran.
Eso es censura, y en una democracia no sólo no funciona sino que tiene el efecto inverso. Estoy pensando, por ejemplo, en las ventas del libro Fariña después de que un juzgado paralizase la distribución de manera cautelar.
