Cartas de amor de Daniel Ramírez

Te deseo, querida Rosa, un golpe de fortuna. Un futuro con el corazón tan blanco como el tuyo

Cada semana Daniel Ramírez dedica una carta de amor a un elegido

ondacero.es

Madrid |

Justo antes de Navidad, me entregaron aquí en la radio una carta de verdad, de papel, que me enviaba una oyente: Rosa Eugui.

Rosa envió su sobre desde Huelva, donde vive desde 1972. Ella, que ahora rondará los ochenta, es navarrica, navarrica, de Pamplona, de los Eugui de siempre, y me decía en la carta que le hacía mucha ilusión que hubiera un gacetillero de Pamplona haciendo bromas que le recordaban a su infancia.

En aquel sobre, cuadrado y de color marrón, al ser un correo certificado, había un número de teléfono. Llamé hace ya varias semanas, pero Rosa no podía cogerme porque su marido estaba muriendo en el hospital, en Huelva, por culpa de un virus respiratorio que se iba complicando. Así que fuimos posponiendo nuestra conversación.

Fueron pasando las semanas. El otro día, con el desayuno, vi en la portada de Diario de Navarra, a una mujer muy parecida a Rosa. Más o menos de la misma edad, 78 años, y con el mismo apellido: “Eugui”. Y el titular: “Una navarra, fallecida en el Alvia Madrid-Huelva”.

Pensé: “Tiene que ser hermana de Rosa”. Fue un pálpito oscuro que desarrollé en la cabeza como una novela. Me dije: “El marido de Rosa ha muerto. Esta mujer, María Luisa, era su hermana y estaba yendo a Huelva a arroparla en el entierro, el funeral”.

Y todo se fue concretando.

María Luisa, efectivamente, era hermana de Rosa y viajaba a Huelva desde Madrid para acompañarla porque acababa de perder a su marido.

Pero hay más: en ese mismo tren iba Blanca, la nieta de Rosa, que sobrevivió de milagro y que se está recuperando ahora de varias fracturas en el hospital.

Fue sacada del tren por un hombre a través de un cristal roto.

Ahora quiero contestar, al fin, a esa carta. Quiero responder a aquella carta que recibí antes de Navidad, porque han pasado muchas cosas, muchísimas, desde entonces...