En las salas del Museo del Prado, entre grandes reyes, nobles y figuras históricas, también habitan cientos de niños y niñas cuyos retratos esconden historias mucho más complejas de lo que aparentan. No son simples acompañantes ni adornos familiares: muchos de ellos fueron piezas clave en estrategias políticas, herederos inciertos, futuros gobernantes, militares destacados o creadores que acabarían marcando su tiempo.
Sus miradas infantiles, inmortalizadas por los grandes maestros, hablan de un destino ya escrito antes de alcanzar la edad adulta.
El Museo del Prado el museo ofrece un recorrido donde la infancia no es un paréntesis, sino el primer acto de vidas extraordinarias.
Guiados por el conservador de pintura del siglo XIX del Prado, Carlos Navarro, conocemos más detalles de estas pinturas.
Hablamos con Carlos G. Navarro sobre la presencia de estos niños en el museo: "Hay muchísimos. En el museo los protagonistas de algún modo son los niños en los cuadros. Ahí es inevitable encontrarlos porque es inevitable encontrarlos en la vida. Y desde la pintura central del museo, la más famosa de todas, que está protagonizada por una niña de cinco años, hasta el resto de las salas están llenos de niños"
Sin embargo, es cierto que hay dos infantes protagonistas: "Las hijas de Felipe II son protagonistas, como lo fueron en la vida cortesana y en la vida política de su tiempo, puesto que tuvieron unos determinantes papeles políticos en el desarrollo del escenario internacional en esos años de gobierno del rey. Y aunque fueran niñas o precisamente por ser niñas, se utilizaban esos retratos como una propaganda de la imagen de estas pequeñas mujeres que debían encajar en el difícil ajedrez de la Europa de esos años y donde debían encontrar, por supuesto, un marido y servir a la política internacional diseñada por el monarca."
Unos retratos que no son iguales cuando se trata de niños, o de las hijas del Rey: "Las infantas están dotadas de unos atributos que podríamos llamar prácticamente regios: sus vestidos, sus joyas, la forma de presentarse hierática, prácticamente como unas estatuas con vida, forman parte del Protocolo de los Austrias y de tal y como se representaba la Majestad en ese momento, que no tenía mucho que ver con nuestra idea de estatuario, de icónico. Son imágenes creadas para convertirlas en iconos de las Cortes Europeas de ese tiempo."
Los retratos, una forma de representación muy alejados de la naturalidad de la fotografía actual: "En ese momento pintarse un retrato suponía un desembolso económico serio y una preparación, unos posados que además llevaban aparejados. Pensar la ropa, pensar cómo iba a aparecer una persona en ese retrato no era una cosa natural, instantánea o fácil. Era una cosa muy procesada. Y ese proceso tiene que ver con una misión que es la de la representación de la imagen de alguien que puede editar la imagen de sí mismo. Entonces esa combinación de factores, acaban en un retrato que no deja de ser una construcción, un invento, un relato."
