Estos días nos encontramos con muchas historias... Hoy hablamos con una pasajera del Alvia accidentado que conectaba Madrid con Huelva el pasado domingo.
Ella regresaba a casa tras realizar un curso de rayos en la capital, un trayecto cotidiano, al que estaba acostumbrada y en el que habitualmente sufría alguna que otra incidencia… Pero la vivida el pasado domingo nada tiene que ver con las pasadas.
Su testimonio nos acerca al lado más humano de lo ocurrido y pone voz a quienes vivieron en primera persona un viaje que nunca debió acabar así… Ella viajaba en el vagón 3 del Alvia que chocó con el Iryo.
Berta se encuentra bien, pero tiene muchos tipos de daño diferentes: "Muy dolorida todavía y recuperándonos un poco del susto. Es sobre todo en el pie, como un esguince. Y de cervical, la espalda y demás."
Una pasajera habitual de ese trayecto, que ya notó algo extraño: "Los que estábamos acostumbrados a cogerlo no nos asustaba un frenazo, ni que la vía se moviera muchísimo, porque ya te digo que era algo habitual. Entonces ni nos asustamos porque fue un frenazo y ya de repente recuerdo salir, salir volando y salir disparada pensando que me moría ahí mismo."
Berta logró salir del tren y se encontró una realidad durísima: "Rompimos un cristal que daba hacia la vía en el que el nuestro se desvío. Miramos para atrás porque yo de hecho tenía mi sobrino de 15 años atrás. Gracias a dios ya había hablado con él porque mi teléfono fue uno de los recuperados en el vagón. Y ya cuando rompimos el otro cristal por intentar ver como estaba aquello, si podíamos salir por ahí, vimos ya el desastre del uno y el dos y pensamos ¡Madre mía! Y el tren totalmente roto por la mitad. Madre mía que suerte hemos tenido porque podíamos haber estado ahí mismo y no lo hubiéramos contado."
