La historia de este jueves nos traslada a Valencia, a un horno que se esconde en Picaña. Hablamos en 'Al cazo' del horno Baixauli que se alza como una herida que aprendió a cicatrizar sin olvidar. Llegar hasta él es atravesar un pueblo que aún muestra, casi en silencio, las marcas que dejó la Dana del 29 de octubre de 2024: fachadas castigadas, puertas que cuentan lo que ocurrió sin necesidad de palabras… Todo parece seguir su curso, pero al detenerse frente al horno, los ventanales hablan distinto. Fotografías, recuerdos y gestos de gratitud cubren el cristal como un álbum colectivo, testimonio de una tragedia compartida y de una generosidad que desbordó calles y corazones. "Estaba preparando un panetone con mi madre, un vecino nos avisó para mover el coche. Cuando volvimos al obrador empezaron a sonar las campanas de la iglesia. En ese momento mi madre me dijo que el sonido le recordaba a la riada de 1957", ha recordado Batiste Rubio, copropetario del Horno Baixauli.
El agua me pasó de los tobillos a casi la cintura, y en ese momento empecé a asustarme
La Dana lo arrasó todo cuando apenas llevaban dos meses al frente del negocio, pero también les mostró el motivo por el que no podían rendirse. La respuesta de la gente fue inmediata y abrumadora: ayuda material, sí, pero sobre todo apoyo moral. Gracias a ese empuje, el horno reabrió, reformado, con maquinaria moderna que convive con recetas de siempre y con grandes ventanales que dejan ver el trabajo hecho con ilusión. "La verdad que hemos tenido mucha suerte en ese sentido, de que mucha gente nos conoce después de toda la historia que llevamos" ha indicado Rubio.
Nos llegaban ayudas de Bélgica, Holanda, Italia, Suiza...
Por este obrador, fundado en 1745, ha pasado de mano en mano durante ocho generaciones. Lo abrió la tatarabuela del tío Vicente en el centro del pueblo, y desde entonces el fuego nunca se ha apagado. Hoy son Batiste y su primo Vicente quienes sostienen el legado. "Se trabajaba como estamos trabajando nosotros ahora, con las propias manos. En aquellos inicios, apenas tenían maquinaria y intentamos hacer las cosas como se hacían antes", ha explicado este pastelero. Preguntado sobre cómo es ese horno con 280 años de historia Batiste ha indicado que: "Nuestro horno es un horno giratorio, funciona con pellets. Nos hemos vuelto un poco a las nuevas generaciones y antes funcionaba con leña, con la leña de los naranjos que teníamos aquí alrededor de Picaña".
Ellos miran al futuro con los pies en el suelo y la vista puesta en un objetivo claro: alcanzar los 300 años de historia. Porque este horno no solo sobrevive; resiste, agradece y continúa formando parte de la historia.
