Dicen que el arte es una forma de expresión, pero también puede ser un grito silencioso. Una manera de llorar cuando ya no quedan lágrimas. Porque cuando las palabras no bastan, a veces un trazo, un collage o una canción puede ser el único refugio.
Pilar Molina perdió a su marido con 54 años en el año 2019 y su vida se puso patas arriba. Su manera de canalizar el dolor fue dibujando. Sin pretensiones. Sin intención de exponer nada.
Cada vez son más los psicólogos que incorporan el arte en sus terapias de duelo. No se trata de pintar bien. Se trata de sacar afuera lo que pesa dentro.
En Noticias fin de semana hemos hablado con Lucía Abietar, presidenta de Talitha, una asociación de ayuda en el proceso de duelo, para contarnos como el arte ayuda a sanar. No son clases de arte. Son espacios de escucha, de calma, de consuelo. Muchos alumnos no habían cogido un pincel en su vida.
Desde las pinturas rupestres hasta los memoriales digitales, el arte ha sido siempre refugio en tiempos de pérdida. En la historia del arte, muchos grandes nombres han creado tras la muerte de seres queridos: Frida Kahlo, Louise Bourgeois, o más recientemente, obras colectivas tras atentados, guerras o pandemias.
No se trata de olvidar. Ni de sustituir. Se trata de seguir. Y a veces, el arte es lo único que nos permite hacerlo con un poco de belleza, en medio de tanto dolor.
