OPINIÓN

VÍDEO del monólogo de Carlos Alsina en Más de uno 01/03/2019

Este anuncio televisivo se emitió en septiembre de 2017.Empezaba con la imagen de unas vías de tren. Y luego una voz decía: naciste con la capacidad de decidir…

@carlos__alsina

Madrid | 01.03.2019 08:16

…¿y renunciarás? Ahora más que nunca, el futuro de Cataluña está en tus manos. Partipa en el referéndum. Para que no hubiera duda, en pantalla se explicitaba que era un referéndum de autodeterminación. Y que animaba a participar la Generalitat de Cataluña. Que era quien había hecho el spot y quien había evitado explicitar que el Tribunal Constitucional lo había suspendido.

Hoy acuden a declarar como investigados, a un juzgado de Barcelona —no al Supremo— los jefes políticos de la televisión y la radio pública catalana. Por haber emitido repetidamente este spot en las semanas previas al primero de octubre. Al margen de la consideración legal que le merezca al juez aquella actuación, es interesante (en estos días en que estamos refrescando todos la memoria de 2017) recordar esto: el gobierno catalán, con el referéndum ya suspendido, mantuvo un spot que instaba a participar en la autodeterminación de Cataluña. No sólo eso: intentó que los medios de comunicación privados, incluido éste, lo emitieran también. Presionó a los medios para que colaboraran en la promoción del referéndum ilícito. No sólo eso: el rodillo independentista del Parlamento catalán había aprobado una moción de la CUP para que aquellos medios que se negaran a colaborar en la ilegalidad fueran castigados.

Ahora que en el Supremo asistimos a esta sucesión de procesados que no recuerdan quién organizó, quién promovió, quién pagó la consulta aquella, el spot de las las vías del tren que se separaban es un buen remedio para tanta amnesia.

Sigamos con el ejercicio de memoria que nos está ayudando a hacer a todos el juicio en el Supremo.

Con la ayuda encomiable del lendakari Urkullu, que sólo ha tardado un año y cuatro meses en contar de viva voz todo lo que él sabe de cuanto sucedió en aquel otoño. Era conocido su papel de mensajero de Puigdemont ante la Moncloa porque él (y otros) se ocuparon de que se supiera, pero no fue hasta ayer cuando se decidió a hacer un ejercicio de transparencia. Febrero de 2019. Dieciséis meses después.

Subrayó Urkullu una fecha en su relato: cuatro de octubre. Ese día es cuando le llueven las llamadas de figuras catalanas relevantes para pedirle que interceda ante la Moncloa.

Cuatro de octubre. ¿Qué había pasado el tres? Que el rey Felipe había pronunciado su discurso.

Recordemos: El referéndum es el domingo, uno. El día dos no sucede nada relevante. Rajoy dice que no ha habido referéndum y Puigdemont, que hace falta una mediación de la Unión Europea. Pero el día tres todo cambia. Porque el día 3, el rey urge a las instituciones a actuar. Es decir, le recuerda al gobierno y a las Cortes cuáles son sus obligaciones. Y entonces sí. El día cuatro en la corte de Puigdemont hay muchos nervios. Porque la sombra del 155 empieza a hacerse carne. Y se busca a Urkullu para que haga llegar a la Moncloa el mensaje de que alguna alternativa se podrá encontrar a la intervención de la autonomía. Sabiendo que el lendakari neutral no era. Esto es lo que él había propuesto en público el 2 de octubre.

O sea, un referéndum de autodeterminación consentido por el gobierno central. Ésa era la fantástica solución del lendakari. Saltándose, también él, la Constitución, qué problema iba a haber.

En vista de las llamadas que recibe, Urkullu, y no sólo él (hubo otros mensajeros) hace su labor de persuasión. Tiene a su favor que Rajoy es reacio a aplicar el 155. Y que mientras Puigdemont no de el paso de intentar usar el resultado del referéndum para declarar la independencia, no ve imprescindible activar el artículo. Pero Puigdemont lo que quiere activar es una negociación con el gobierno para la autodeterminación con mediación internacional. Y, como eso no cuaja, acude al Parlamento catalán el día 10 y hace la declaración aquella de que sí pero no todavía. Y sigue la confusión y sigue el intercambio de mensajes de Urkullu con Puigdemont hasta la misma víspera de la proclamación de independencia.

Puigdemont, hombre de palabra, incumple la palabra dada y se pliega a la presión de los Rufián, los Marta Rovira, las CUP, los ANC y los Omnium Cultural. Y procede a proclamar la secesión con todas sus consecuencias. Tanto la prevista, activación en el Senado el 155, como la imprevista: huída del cabecilla de la insurrección a Bruselas con la complicidad de su escolta. Y hasta hoy.

El ministro Zoido sostiene que fueron sus subordinados, responsables operativos de policía y guardia civil, quieres tomaron las decisiones sobre cómo actuar en los colegios el primero de octubre. Lo que busca el abogado del procesado Joaquim Forn es convencer al tribunal de que no está probado que su defendido ordenara a los mossos de esquadra incumplir la resolución judicial para que, así, el referéndum se celebrara. Y en esa tarea preguntó ayer el abogado al ex ministro quién estaba al mando y quién sostiene que los mossos se rebelaron. A Zoido lo que le contó su segundo es que la policía autonómica había incumplido sus obligaciones.

El martes que viene seguirá el desfile de testigos. Para los minutos de la basura de este juicio queda la declaración irrelevante, y precaria, de Albano Dante Fachín, aquel líder que tuvo Podemos.

Y la declaración irrelevante —y marrullera— del poco relevante —y marrullero— Gabriel Rufián. Al de las meriendas se lo merendó Manuel Marchena