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VÍDEO | OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Ir de Juego de Tronos está bien para dar espectáculo, pero no conviene si aspiras al votante indeciso"

Hace veinte días Pablo Iglesias nos anunció a todos que será padre de mellizos.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  20/04/2018

Veinte días después ha dado prueba de que ya está imbuido, empapado, del espíritu de padre de familia. El padre que cuida de los suyos. Que los mantiene unidos. Aunque los chicos estén chinchándose todo el día. Aunque tenga papá Pablo peleaos a los mellizos.

El mandato de cuidar Podemos. Cuidarlo como se cuida a un hijo. Como se cuida un tesoro. O…como se cuida a una mascota.

Cuidado que Pablo ha empezado a hablar de tener cuidado. Porque tampoco hay que ser doctor en ciencias políticas para entender lo que está pasando. Si a un año de las elecciones en Madrid, con el PP sufriendo una hemorragia, el PSOE remontando y Ciudadanos levitando, te presentas ante los votantes como el partido del Juego de tronos…

…lo más probable es que los votantes te vean como una cosa entretenida, en la que unos se matan a otros a traición y por sorpresa, se degüellan, se decapitan, se clavan la cabezas en la pica de lo alto de la muralla y sólo tienen en la cabeza envenenar a Jofrey, impedir que otro ocupe el trono de hierro o someter a Bescansa al paseo de la vergüenza.

No hay que ser anticapitalista como Lorena Ruiz Huerta para medir con precisión el despropósito.

Ir de Juego de tronos está bien si lo que uno busca es dar espectáculo, sangriento, pero conviene poco si a lo que aspiras es a ganarte la confianza de los indecisos. Por eso Pablo ha tocado el cornetín y ha cambiado de serie de referencia. Donde hasta ahora estaban los Lannister ahora han llegado los Ingalls.

Adiós 'Juego de tronos', hola 'Casa de la pradera'. La casa morada de la pradera de San Isidro.

Estuvo bonita esta escena en la cabaña que se montó ayer Pablo Ingalls, no me diga usted que no.

El padre Pablo, ante la prensa, con los mellizos peleaos. Errejón y Espinar. Venga, chicos, haced las paces, daos un beso, un cola cao y a la cama.

Errejón a su derecha, Espinar, a su izquierda. Los dos con las manos a la espalda y la cabeza gacha. Que en lugar de castigados parecía que estuvieran esposados y camino del calabozo.

Pablo les dijo a los chavales que le prometieran al público que no lo volverán a hacer. ¿El qué? Intentar matarse.

Eh, Ramón, sin refunfuñar.

Íñigo, dale la mano a tu hermano.

Más que de papá, Pablo ayer iba de Papa. El Papa de la iglesia de Podemos cuidando de la grey y poniendo orden entre los cardenales.

Es engañosa la imagen de la cabaña en la pradera. No sólo porque es poco creíble que Espinar y Errejón van a ir ahora de la mano a corretear juntos ladera abajo (paréntesis, en la serie las niñas se despeñan en cuanto cogen velocidad, cierro paréntesis), sino porque esto de ayer no era un árbitro imparcial tirando de las orejas, por igual, a sus dos críos peleados. Lo de ayer era…

lo de ayer era el comandante Pablo perdonándole la vida al reo de rebelión. Conmutada la pena al sedicioso. Errejón no será enviado al campo de reeducación. Es peor: Errejón tendrá que convivir con Espinar. El nuncio de Pablo para la cosa madrileña.

El papa, severo pero misericordioso, ha escuchado en confesión al joven Iñigo y le ha prolongado la vida. He escuchado a Íñigo y confío en él. A mí me debe seguir vivo y a mí me debe, sobre todo, ser el candidato al sillón de la Real Casa de Correos (para los espectadores de fuera, el gobierno de la región madrileña). Es Pablo quien por segunda vez, y perdonando el complot, unge con su dedo al candidato. No se agobien los puristas que ya harán luego unas primarias de cartón piedra para blanquear el dedazo del gorrión supremo. Será el pueblo de los inscritos (y las inscritas) quien sancione con su palabra libérrima lo que Pablo ya ha ratificado.

Me debes la vida, Íñigo. Y te voy a estar vigilando. A ver si aprendes disciplina y obediencia. Como el otro mellizo. Que aunque no lo parezca, todavía es tu hermano. Y se acabó Bescansa.

Nunca nadie pensó, se lo aseguro, que un señor como Cristóbal Montoro acabara protagonizando un serial.

Hay quien cree que ya ha salido en algunas películas, pero eso es porque le confunden con personajes de ficción. Y Montoro, como sabe todo contribuyente al que le hayan hecho una inspección, es un personaje, sí, pero real. De carne y cuchillo de trinchar carne.

El personaje Montoro viene diciendo estos días que no hubo dinero público en la preparación y promoción del primero de octubre porque para eso esta él, infalible, ojo avizor. Fiscalizando cada euro que gastaba Oriol Junqueras al grito de "tú a mí no me la cuelas".

Montoro fue la avanzadilla del 155. Cuando el gobierno de Rajoy aún pensaba que no sería necesario llegar hasta el articulo que entonces era anatema. Bastaba con intervenir las cuentas de la Generalitat para no tener que acabar interviniendo la Generalitat entera. Y ahí estuvo Montoro, colocado en la chepa de Junqueras desde septiembre y obligándole a pasarle copia de cada partida y cada factura. Nunca le envió Oriol a Cristóbal un factura de los chinos por importe de seis mil urnas.

El País se ha puesto a hacer memoria y le ha salido que el 20 de octubre Hacienda denunció ante el Tribunal de Cuentas el mal uso de dinero público para montar el primero de octubre. Habían pasado veinte días de la cosa. Lo que pasa es que ahora dice Hacienda que no es que ellos tuvieran pruebas de la malversación. Lo que tenían era la sospeche y se la pasaron a la fiscalía. Hoy no tiene ni pruebas ni sospecha. Ni ganas de explicar. Porque siendo Montoro un ministro tan dado a hacerse visible y crecerse en la polémica lleva mudo desde el lunes. No por mucho tiempo.

Los personajes de los seriales tarde o temprano tienen que decir alguna cosa.