OPINIÓN

VÍDEO del monólogo de Carlos Alsina en Más de uno 23/11/2018

Cuidado que primero se rasgan las vestiduras. Y después llega la censura.

Carlos Alsina | @carlos__alsina

Madrid | 23.11.2018 08:16

Primero se exagera la nota con el lamentable espectáculo que se da en los debates parlamentarios, se invoca el comodín del malestar ciudadano —ay, los ciudadanos, qué abochornados están con tanta crispación, ¿verdad?, cómo se disparan los índices de audiencia cada vez que hay bronca— y lo siguiente es empezar a prohibir que se digan determinadas cosas.

Cuidado con este escándalo, un poco fariseo, que manifiestan políticos y comentaristas al ver que en un Parlamento se dice fascista y golpista, que luego llega la policía de la corrección a ponerle el esparadrapo en la boca a quien se aparte de su recto criterio.

La buena educación la tiene quien elige tenerla. La cortesía define, para bien, a quien la practica. Pero el camorrista está en su derecho a ser percibido como tal. La zafiedad también define a quien la ejerce, para mal, pero ha de ser libre cada uno de exhibirse como lo que es. El límite a la libertad de opinión está en la ley, no las buenas costumbres.

No es verdad que todos seamos un poco responsables de que el debate parlamentario sea —en ocasiones, tampoco siempre— pura pendencia entre gallitos chabacanos y arrabaleros. Las palabras, como los eructos, son propiedad de quien las expulsa. Que cada cual se muestre como lo que es para que los demás podamos juzgarle. Si faltón, faltón. Si insultón, insultón. Si demagogo, pues demagogo. Si zafio, zafio. Si matón, matón. Si ignorante, cómo evitar que se note, muéstrese su señoría ignorante.

Mejor eso que empezar con los manuales de conducta para parlamentarios de primaria.

Miren lo que ha pasado esta semana.

Antes de que Joan Tardá consintiera que su discípulo Rufián incendiara la cámara para presentarse él luego como el gran conciliador (el papa Joan Tardá XXIII, bendito sea el papa), Esquerra ya había hecho la misma operación en el Parlamento de Cataluña. Primero el fuego abrasador, después la manguera mordaza.

El presidente Torrent, uno de los soldados de Junqueras, reunió a los grupos porque el grado de crispación había sido tan alto que la ciudadanía no merecía el espectáculo. Y pactó con todos ellos que, en adelante, se comportarían con respeto. No incurrirían en ataques personales ni elevarían innecesariamente el tono. El Parlament iba ser el refectorio de Montserrat, una legión de monjes mudos mientras el orador leía las sagradas escrituras. Y con esa coartada previa, ayer llamó al orden al diputado de Ciudadanos Martín Blanco por superar el límite permitido al decir esto sobre Joaquim Torra.

El diputado recuerda lo que Torra escribió sobre los españoles y Torrent le llama al orden porque está incumplimiento el pacto de buenas maneras. Naturalmente lo que sucede luego es que el portavoz de C's, el del PP y la del PSC piden la palabra que preguntarle todos a Torrent lo mismo: qué ha dicho Martín Blanco que sea inaceptable.

Seguim en qué debat. Si ahora Torrent considera inaceptable que se lean en el Hemiciclo los artículos del presidente Torra. Cuando era simplemente Quim. El xenófobo, que decía simplemente Pedro.

Cuidado con las prédicas de los guardianes de la cortesía que a menudo terminan donde terminan.

Miren: porque Rufián disfruta de la libertad suprema de decir lo que le da la gana tenemos todos la medida exacta de lo que es y a lo que representa. Sólo porque Rufián siempre ha podido ser Rufián tenemos la prueba concluyente de que el Estado ni es represor ni es fascista. Y de que él es burdo y es cuentista.

España le declara la guerra al Reino Unido. Cordialmente, como se declaran las guerras diplomáticas. Con enorme cortesía, no se vaya usted a pensar.

El lunes empezó a conocerse esta historia en este programa. Borrell, a las ocho de la mañana.

El lunes empezó así y el viernes empieza con el gobierno español acusando a Theresa May de haber maniobrado con nocturnidad y alevosía, lenguaje criminal, para colar en el texto que el domingo pretenden bendecir los jefes de gobierno el botón nuclear que permitiría a los ingleses volar para siempre la posibilidad de que España pelee la soberanía de Gibraltar. Juego sucio, es lo que está diciendo el gobierno español. Por boca de Marco Aguiriano, que tiene nombre de cónsul romano pero es el número dos de Borrell en Exteriores y uno de los funcionarios españoles con más galones en la cosa europea.

El jueves al gobierno español le parecía que el texto era muy razonable pero porque se le había pasado por alto que este articulo del acuerdo (el de la nocturnidad y la alevosía) podría interpretarse en el futuro como que el Reino Unido negocia con la UE sus asuntos y eso incluye a Gibraltar, dejando a España fuera de juego. Que, en efecto, es lo que la señora May dijo ayer en su Parlamento que es lo que ella pretende.

La UK familiy incluye Gibraltar y esta señora quiere emular a Francis Drake en el asalrto de Cádiz y aprovechar que el Brexit para por el Támesis para sacar a España de la ecuación futura. Ahora se ha sabido, gracias al secretario de Estado Aguiriano, que Sánchez le pidió expresamente a May el miércoles por la noche que le respondiera si va a aceptar que se clarifique el asunto Gibraltar en el texto y ella le vino a decir que no.

Y si es no, no votaré que sí. La posición de España es clara: votará no. Falta saber si el consejo del domingo se mantiene y si el voto de España sirve para parar la cosa. Que a esta hora de la mañana es más bien que no. A Sánchez se le ha cruzado un peñón en el camino (El Peñón) y corre el riesgo de plantear un pulso y perderlo. Volverse a casa derrotado, como el duque de Medina Sidonia, naufragado en una guerra imprevista. Claro que también puede conseguir que le metan un añadido al documento en línea con lo que está reclamando España y regresar como si fuera Felipe IV habiendo hecho morder el polvo al rey Jacobo.