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OPINIÓN

VÍDEO del monólogo de Carlos Alsina en Más de uno 21/11/2018

Se busca portavoz del grupo popular en el Senado. Interesados dirigirse a la planta séptima de Génova, 13. Preguntar por Pablo. O Teodoro.

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 21/11/2018

Ya lo dijo Cospedal cuando cogió la puerta: estar por estar es tontería. Si tu partido ya no quiere nada de ti, a otra cosa, mariposa. Que estar colgado del alambre con el público pendiente de cuándo caes no sólo resulta incómodo sino que es perfectamente inútil.

A esta hora de la mañana Ignacio Cosidó sigue siendo portavoz del grupo popular en el Senado, la fortaleza que mantiene el PP, la última gran institución que controla (por emplear un verbo muy de Cosidó) desde que perdió el gobierno de España. Tic tac tic tac. La cuenta atrás empezó en la mañana de ayer. Cosidó está abrasado y sus superiores inmediatos, el señor Casado, el señor García Egea, saben que es así. Abrasado por su propia negligencia y abrasado por el desquite interno.

• La negligencia de poner por escrito la más cruda descripción que se ha hecho nunca en España del pasteleo bipartidista con los sillones del Poder Judicial.

• El desquite de quien, habiendo visto esa descripción en el grupo de Whatsapp al que, como senador del PP pertenecía, decidió darle aire para dejar al portavoz con el emoticón al aire, valga la fórmula guasapiana.

Al portavoz y, de rebote, a Rafael Catalá (el negociador del PP) y, a más a más, a todo el que ha participado en el cambalache de los sillones. En un partido, en el otro y en el otro. Tres eran tres los que pujaron en la subasta. El PP, el PSOE y Podemos. Ésta es mi alineación, ésta es la tuya, qué me das a cambio de hacer a Marchena presidente. Qué me das tú si te cedo un sillón y trago con meter en el bombo al juez De Prada.

A Cosidó y a quien haya filtrado el guasap de Cosidó nunca se le podrá agradecer lo bastante que aportara la prueba de cargo definitiva sobre cómo fue (y ha sido siempre) la negociación de PP y PSOE para el Poder Judicial. El día que el gobierno, en un despropósito notable, anunció a primera hora que los nuevos vocales del Poder Judicial elegirían a Manuel Marchena como presidente hablamos aquí con Rafael Catalá.

Sí, era facilón. Tan facilón como ajustado, ya se ha visto, a la realidad de los hechos.

La renuncia de Marchena (presidente del Supremo interruptus que dimite antes incluso de ser nombrado) ha dejado a todos los participantes del pacto del reparto con las vergüenzas al aire.

• El PP, tratando de salvarse de la quema, tira ahora por elevación y reniega no sólo del pastel sino de la forma de cocinarlo. Es decir, que reniega de Rajoy. Fue Gallardón, 2012, quien intentó cambiar el sistema y fue Rajoy quien abortó el intento, en un flagrante incumplimiento de su programa electoral. Ahora Casado busca el salvavidas recuperando aquella promesa de 2011.

• El gobierno del PSOE, que fue quien anunció que Marchena sería presidente antes incluso de que los nuevos vocales tomaran posesión, finge ahora un gran escándalo al ver publicado en un guasap todo lo que Catalá y Dolores Delgado hablaron entre ellos con idéntica crudeza. El mismo Sánchez que cuando era simplemente Pedro prometía una revolución en la forma de examinar a los aspirantes, implora ahora a Casado que regrese a la cocina a ver si pueden emplatar un nuevo presidente del Supremo que les valga a ambos.

• Y Pablo Iglesias, tan partícipe del pacto como el PP y el PSOE, desentierra ahora el discurso contra el bipartidismo, carga contra Manuel Marchena y se pone digno para justificar que él también entrara a la puja por los sillones. No le quedaba más remedio en su compromiso con la dignifidad judicial, entiéndalo usted.

Los jueces decentes son los que se presentan en las candidaturas de Podemos, se entiende. Cuya neutralidad no debe ponerse en duda, ésta es la idea.

Todos los cocineros, puestos en evidencia. Y el Tribunal Supremo, sin nuevo presidente. No habrá nuevo consejo del poder judicial. Y no habrá nuevo Tribunal Supremo al menos hasta después de las próximas elecciones.

¿Y las elecciones cuándo serán?

Pues mire, cada día que pasa da la impresión de que serán antes. Hemos pasado de la firme voluntad del gobierno de mantenerse hasta 2020 aunque fuera a base de torear al Parlamento y hurtarle los Presupuestos del año que viene a escuchar a Sánchez decir que sin Presupuestos, claro, la legislatura se acorta.

Prueba de que empieza a sonar a generales en 2019 es que Iglesias ya ha colgado el traje de compadre del presidente y se toma a broma la calidad de sus análisis.

Y entonces, ¿cuándo serán? Pues cuando quiera Sánchez. Antes de disolver tiene que aprobar en el Congreso la subida del salario mínimo. Con eso, las ayudas a la dependencia y lo de la sanidad universal, por ejemplo, ya tiene el presidente un par de bazas con las que concurrir a la campaña electoral habiendo hecho algo. La pista la dio ayer Carmen Calvo: cuando vea que ha conseguido las mejoras sociales, convocará. Entiéndase: cuando tenga aprobado lo que está a su alcance y ya no le vayan a aprobar nada más.