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EN LA CULTURETA GRAN RESERVA

La Liga de Terezin

Terezin está a 60 kilómetros de Praga y a 90 de Dresde. Es un pequeño pueblo amurallado, en forma de estrella, con un enorme cementerio detrás y un fortín, y una historia terrible.

Miguel Venegas
  Madrid | 25/01/2020

Terezin fue un campo de concentración nazi durante casi cuatro años, un campo pequeño y especial. Por él pasaron 144.000 personas; entre ellas poetas, artistas, el cineasta Kurt Gerron, el músico Hans Krasa, el Mozart de la época, las hijas de Freud o las hermanas de Kafka. 17.000 lograron sobrevivir. Y algunos lo hicieron gracias al fútbol.

En Terezin se creó una liga para reclusos, organizada por los propios judíos y con el beneplácito de la Gestapo. Se dividieron a los equipos por gremios, se pintó el patio del Edificio Dresde y se levantaron porterías. La Liga tenía sus árbitros, sus crónicas periodísticas y hasta su mercado de fichajes.

Paul Mahrer era una de las figuras. Acababa de dejar el fútbol cuando llegó al campo de Terezin. Había jugado en Alemania, en América y en Chequia, así que pronto fue reconocido y fichado por uno de los equipos del Lager, el de los carniceros. Ser carnicero era un privilegio, porque podían comer. Los futbolistas jugaban a cambio de algún pequeño privilegio, como un trozo extra de pan o incluso una salchicha de vez en cuando. Y sobre todo, quedaban relegados de las deportaciones a Auchwitz.

Se disputaron dos ligas y una copa. Los campeones fueron los cocineros y los carniceros, los que estaban más cerca de la comida del campo. La Gestapo rodó un documental propagandístico que llamó ‘La ciudad regalada a los judíos’. Incluso la Cruz Roja visitó Terezin y dijo que había condiciones humanitarias. Allí presenciaron un concierto, con réquiem de Verdi incluido, y un partido de la Liga Terezin. A los muertos no los vieron.

Terezin no era un campo de exterminio con cámaras de gas, y sin embargo diez personas morían al día por cansancio, malnutrición y enfermedades. Era un campo lanzadera, la última parada de camino a Auchwitz. Unos pocos lograron esquivar la muerte a través del fútbol. "El fútbol era para nosotros como una caricia en la antesala del infierno", contó Mahrer en su biografía 'Fútbol con estrella amarilla'.

En 2013 la Federación Checa validó las Ligas de Terezin y las añadió a sus anales como reconocimiento a quienes resistieron a pesar de todo.

En 1968 Silvio Rodríguez les había dedicado una canción:

"Una pesadilla blanca

Para hijos de Judea

Con rara estrella y rostro de hambre.

Terezin, Terezin, Terezin, pelota rota."