CAPÍTULO 35

Historias del Valle sin retorno: Trilero / Con man

“Si hacemos caso a las estadísticas de voto, Donald Trump no podrá nunca ser presidente de Estados Unidos,” deja caer con una mueca de alivio la secretaria de comercio norteamericana. “Estadísticamente, quizás” se atreve a replicarle House Hulio. “El problema es que Trump es como el Pronto” “Pronto? You mean early?” le pregunta sorprendida Penny Pritzker. “No, el Pronto.” aclara José Julio. “La revista española de gossip.”

ondacero.es

Madrid | 11.03.2016 23:05

España lleva camino de volver a batir máximos históricos en turismo y el gabinete de Obama ha convocado a un grupo de expertos para ver qué pueden aprender de nuestro modelo. No es que Estados Unidos se haya estancado en recepción de visitas. No, ni mucho menos. Su porcentaje ha subido un 6 con 8 por ciento con respecto al año anterior; pero en números absolutos, la responsable de comercio se pregunta cómo un país más pequeño que el estado de Texas consigue casi tantos viajeros anuales como el suyo. Sobre todo, teniendo ellos una extensión de terreno diecinueve veces más amplia que la nuestra y un poderío mediático infinitamente más poderoso. Para entendernos: si el turismo fuera un partido de baloncesto, el resultado de la final estaría muy cerca del empate. En millones de canastas: España, 65 - Estados Unidos, 74.

José Julio le apunta a Pritzker que USA carece de una agencia de turismo central que haga campañas institucionales como las de “I Need Spain.” Aquí cada estado hace propaganda por su lado: Visite California, I love New York, o las Siete maravillas de Oregón. Pero el gobierno federal no invita a conocer Estados Unidos en su conjunto. “Tendrían que solucionar eso”, le indica el descendiente de gallegos. “Eso… y evitar que Homeland Security retrase tres meses y medio la concesión de una visa de turismo a un súbdito chino. Sobre todo cuando, al mismo chino, en tres días le estampan en el pasaporte el permiso para entrar en Reino Unido.” Ya ves tú la diferencia.

La secretaria de comercio, que aprendió español en la escuela, toma nota y le confiesa al cuñado de John Donahue que está enganchada a Gran Hotel. Segunda temporada. Concha Velasco se encuentra a punto de descubrir que tiene un nieto. “No me cuente, no me cuente” le suplica para evitar un spoiler. Pero José Julio no sabe de qué le está hablando. Ignora que el hecho de abrir Netflix en España ha posibilitado a las producciones españolas abrirse al Netflix norteamericano. El anda más pendiente de la nueva plataforma de internet que planea inaugurar la CBS con series de producción propia algo más sofisticadas que las que emite el canal en abierto. En cualquier caso da igual, porque la conversación no espera y salta a un comentario sobre el voto hispano.

Alguien confirma que este año habrá 10 millones más de votantes latinos. Y, a continuación, el mismo interlocutor, recuerda que Marco Rubio ha llamado trilero a Donald Trump. Bueno, en realidad le ha llamado con man, porque aunque el español del senador por Florida sea impecable, la contienda por la Casa Blanca se desarrolla mayoritariamente en inglés. Con man: abreviación de confidence man, el hombre que abusa o engaña a sus congéneres con trucos basados en una falsa confianza.

Jouse Hulio se encoge de hombros. Trump le recuerda al alcalde atlético de Marbella, con el que tuvo el gusto de compartir spa una vez en el gimnasio Chamartín y, parafraseando a Maureen Dowd, la del New York Times, deja caer esta sentencia: “¿Y qué esperabais? Real estate developers are con men by nature, trying to get what they want at the lowest price and sell it at the highest price, overpromising how great it’s going to be.” O sea: que los constructores son trileros por naturaleza. Compran al precio más bajo, venden al más alto y exageran extraordinariamente sobre las bondades del inmueble.

“Estados Unidos no es un país, es un continente” reflexiona en voz alta la secretaria de comercio. Un continente con 50 países. Quizás por ello hagan cada uno la guerra por su lado. Si lo piensas, la obsesión de conocerlo todo, Nueva York, Chicago, Nueva Orleans, el Gran Cañón, Boston… resulta un poco ambiciosa. Un solo estado, como Nueva York, por ejemplo, ya supone un señor destino. Hay vida más allá de Manhattan, de Brooklyn o de las cataratas del Niágara. New York, piensa House Hulio, es como Asturias pero a lo bestia. Con sidra, con montañas tupidas de verde en las que abundan lagos y osos pardos, y con un mar batiente en el que procrea generosamente el marisco. Nada más romántico que un paseo al atardecer por la ciudad de Troy para terminar en el antiguo music hall: teatro que, dicen, ofrece la mejor acústica del mundo.

“¿Pero cómo es eso de que Trump se parece al Pronto?” le insiste intrigada la secretaria de comercio. “Estadísticamente” responde su invitado. “En España nadie lee la revista… pero Pronto tira un millón de ejemplares. Aquí dicen que aunque Trump salga de candidato nunca ganará las elecciones. Que en las generales él país tiende más a demócrata. Que los hispanos le van a parar los pies… Bla, bla, bla. Lo que no reflejan las estadísticas es la cantidad de gente cabreada con el sistema, los que reniegan del naranja en público pero piensan votarle a hurtadillas. Y, ahí, nos podemos llevar una sorpresa.”