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CAPÍTULO 32

Historias del Valle sin retorno: ¡Que viene el coco! / Here comes the Bogeyman!

Déjame que te diga que Estados Unidos no tiene Norte. Pero, hombre, tiene que tener… Todos los países obedecen a las leyes de los cuatro puntos cardinales. Pues no lo tiene. Hay cosas que aunque parezcan obvias, no lo son. Por ejemplo, las compañías de seguro dan por hecho que cuando llamas para dar parte de un accidente te sabes el número de matrícula de tu vehículo de memoria… cuando, en realidad, el 60 por ciento de los conductores tenemos que bajar a mirarlo.

Guillermo Fesser |  Madrid |  12/02/2016

¿Visualizas el mapa de Estados Unidos? Es como un rectángulo con un rabo de sartén que le cuelga a la derecha. La península de Florida, por cuya parte más baja, Miami, atraviesa felizmente el paralelo 25. En diagonal, en la esquina opuesta del mapa está Seattle, en el estado de Washington, que hace frontera con Canadá a la altura del paralelo 48.

Y ahora, en ese mismo mapa, vamos a hacer zoom sobre nuestros protagonistas, los Corcoran, que van persiguiendo a un todo terreno de color negro en Devils Den Road, la carretera de la Guarida del Diablo. A la izquierda un pequeño lago, Miners Lake, a la derecha la reserva india de la Nación Mohicana, the Mohawk Reservation. Población: Dannemora. Estado: Nueva York. Distancia a Montreal: 1 hora y 30 minutos en coche. Paralelo: 44.

Repasamos: el territorio de Estados Unidos queda comprendido entre el paralelo 25 y el 48 y los Corcoran conducen a la altura del 44. Sin embargo, técnicamente no están en el Norte… sino en el Este. ¿Qué me estás contando? Lo mismo que te decía al principio cuando no me has hecho ni caso: que Estados Unidos no tiene Norte.

Tiene Este, que se corresponde con el territorio de las colonias que se formaron junto a la orilla del Atlántico. Desde Maine hasta Washington DC, que es donde empieza el sur.

Tiene Sur, que baja desde la capital federal y bordea hacia la izquierda el golfo de México para incluir también el estado de Texas. Sí Texas es el Sur. No olvidemos que fue uno de los estados más esclavistas y que participó activamente dentro de la confederación durante la guerra civil.

Y luego tiene dos Oestes. El Medio Oeste, que va por arriba: Illinois, Wisconsin, Michigan… Y el Lejano Oeste que va por abajo: California, Colorado, Utah…

Pero por Norte, lo que se entiende por Norte, oficialmente no viene nada. Aunque va a venir. Me explico: la capital natural del Medio Oeste, esa franja que va por arriba pegada a Canadá, es hasta ahora Chicago. Pero la ciudad del viento anda de capa caída y Minneapolis, la ciudad de Prince y los Hermanos Coen, está a punto de sobrepasarla. Su estrategia, sin embargo, no va a consistir en disputarle a Chicago la capitalidad del Medio Oeste, sino en reclamar una denominación de origen que hasta ahora no ha solicitado nadie: el Norte. Minneapolis quiere ser la capital del Norte de Estados Unidos. La USA va a tener Norte por fin. Así que, bueno pues na, Minneapolis, como dicen en Sevilla: ¡enga!

Y ahora, tras los minutos instructivos, volvemos a la película. El Chevrolet Tahoe se echa repentinamente a la cuneta y detiene su marcha. El agente Dave Corcoran pega un frenazo y estaciona su vehículo en la nieve tras de él. Del todo terreno desciende un hombre agitando los brazos. Va vestido de negro, de arriba abajo, y calado por un sombrero desteñido de tonos claros. Dos tirabuzones le cuelgan a los lados de la cabeza. Es un judío jasídico. De Jesed,nombre representado en la anatomía sagrada por el brazo derecho, que viene a ser la bondad de Dios. El hombre se dirige hacia el agente Corcoran que, justo cuando baja la ventanilla del coche, le escucha gritar: “Who are you, the Bogeyman?” “Quién es usted, ¿el coco?” “¿Se puede saber por qué me persigue?”

Rachel reconoce inmediatamente al individuo porque ha visitado en varias ocasiones su tienda de Dannemora. No a por alimentos, que no son kosher, pero sí a por velas y otras supplies. El tipo es simpático y, excepto en lo religioso, bastante abierto. Rachel ha mantenido conversaciones interesantes con él y ha aprendido, por ejemplo, que su corriente jasídica desacredita el sionismo como una herejía y cree que la existencia del estado de Israel impide la llegada del Mesías. También que, como no puede tener contacto físico con una mujer, en lugar de ofrecerle la mano se despide de ella siempre con air hugs / abrazos al aire. Esto consiste en que el judío coloca sus manos a la altura de los hombros de Rachel, aunque bastante separadas, y hace como que la abraza. Y también le ha confesado, porque Rachel se pasa el día canturreando en la tienda, que para él es pecado de tentación escuchar cantar a una mujer pero que, como Rachel lo hace tan bien, él la escucha y luego va a arrepentirse a la sinagoga.

“Are you the Bogeyman?” le repite alterado el hombre a su perseguidor. Dave se identifica como el agente Corcoran y le explica que investiga el caso de un coche como el suyo que fue visto circulando a 90 millas por hora en esa misma carretera. El hombre, que dice llamarse Eitan Ackerman, niega la posibilidad de que se trate del suyo. Él jamás ha traspasado el límite de velocidad de 55. “Bueno” le dice Dave “¿hay alguien más que conduzca este coche en su familia?” “Mi hija mayor” le responde, “pero nunca por aquí. Sólo para ir a la escuela y vivimos en New Hampshire.” Momento en que Eitan reconoce a Rachel en el asiento del copiloto, ésta le sonríe, y la tensión se desvanece por completo.

“Dígame, agente Corcoran, ¿qué día dice que vio mi coche circulando a 140 kilómetros por hora?” “El mismo día en que mi esposa le sacó una foto con el móvil. Espere un segundo que le digo. Ajá… aquí está. El 23 de septiembre.” “¿El 23 de septiembre?” repite incrédulo el señor Ackerman con una risotada. “Entonces olvídese. Era Yom Kippur y ningún judío que se precie de serlo podría haber conducido en ese día.” “¿Tal vez su hija?” le insiste Dave. Y Eitan vuelve a ponerse serio. “Mi hija Victoria respeta las leyes de Dios, agente Corcoran. Y, discúlpeme pero tengo que marcharme. Espero que tengan un buen día.”