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CAPÍTULO 20

Historias del Valle sin retorno: Dientes de ajo / Garlic cloves

Rachel Corcoran tiene 24 años, un bebé de 16 meses y un marido policía. Bueno, realmente no es un agente convencional. Trabaja para la DEC, Department of Enviromental Conservation, el departamento de conservación del medio ambiente del estado de Nueva York. Junto a otros 330 miembros del cuerpo, Dave Corcoran, el marido de Rachel, dedica su vida a prevenir la caza y pesca furtiva, las talas ilegales de madera y la contaminación de acuíferos.

Guillermo Fesser |  Madrid |  23/10/2015

Su misión consiste en defender las leyes medioambientales, pero tiene también autoridad para prevenir, combatir e investigar la delincuencia en cualquier otro ámbito. Por eso Rachel, alarmada por la extrema velocidad con que un 4x4 avanza por la estrecha carretera comarcal, echa mano del móvil y le pone sobre aviso.

“Debe de ir a 80 o 90 millas por hora.” “¿Ciento cuarenta kilómetros por hora?” se extraña Dave. Ese conductor tiene que estar completamente loco. “No le habrás sacado una foto, ¿no?” “Sí, thank you very much” responde Rachel sin ocultar su orgullo. “El coche estaba ya lejos, pero igual ves algo.” “Mándamela, sweety.” “Okay.” “Gracias. Is the peanut allright?” “Sí, el cacahuete está bien. Aquí le tengo” baja Rachel la voz mientras acerca la mano para acariciar el rostro de su hijo.

Rachel ha salido a plantar ajos en la pequeña huerta que los Corcoran tienen al borde de la carretera. Es la época, mediados/finales de otoño, y no ha querido dejar al cacahuete solo en casa. Aunque el peanut ha permanecido durante toda la operación dormido, Rachel, como cualquier madre primeriza, le ha ido recitando en voz alta los detalles. “Primero buscamos una zona soleada y le añadimos un poco de caquita de caballo. Aaasí. ¿Ves qué bien? Ahora hacemos un agujerito de ocho centímetros de profundidad y metemos un dientecito de ajo. Apuntando para arriba con el piquito. Estupeeendo. En fila, y a unos quince centímetros de distancia, cavamos otro agujerito. Y otro. Y otro. Ahora otra filita… Cada fila la separamos 5 centímetros de la anterior para que luego no se choquen las hojas. Así. Los dientes de ajito van a pasar el invierno bien enterraditos para protegerse de las heladas. Luego en primavera salen y para julio se habrá producido el milagro de que cada diente se haya convertido en una cabeza entera con 9 hermanitos. ¿Ves qué bien trabajamos juntitos tú y yo mi amor?”

Rachel aprieta send, enviar, y manda la foto. La verdad es que no está acostumbrada a este tipo de emociones. Al terminar High School, todos sus compañeros de clase marcharon a la universidad y ella fue la única que decidió quedarse en el pueblo y abrir una pequeña tienda de alimentación. Dannemora General Store. Sopa y sándwiches a diario para los locales y snacks y recuerdos los fines de semana para montañeros, excursionistas o deportistas de aventura. La vida transcurre en Dannemora sin que haya mucho más que comentar que la caída de un árbol o la llegada anticipada de la nieve. Esas son aquí las primicias. Breaking news. De lo demás casi no llega nada, salvo lo obvio. Canadá, por ejemplo, que se encuentra literalmente a dos pasos, ha elegido hoy nuevo primer ministro. El joven Trudeau ha terminado con los 10 años de conservadurismo de Harper. ¿Tú crees que se comenta aquí

algo? Nope. Si no fuera porque Rachel es una mujer especialmente inquieta y ha contratado en el cable el canal de noticias de Al Jazeera, ella tampoco se hubiera enterado. Y eso que Ottawa está sólo a tres horas de coche. Pero, para Estados Unidos, Canadá es como el desván. Todo el mundo sabe que está allá arriba, pero nadie se acerca nunca a ver qué contiene. Canadá, la nación más admirada del planeta según el Reputation Institute, Instituto de la Reputación, sólo interesa a sus vecinos del sur cuando juega en televisión a hockey sobre hielo. O cuando deciden cruzar para comprar un par de cajas de cerveza Blue, que está buena y sale más barata.

Antes de apagar el móvil y recoger al niño, Rachel observa de nuevo la foto. Es un cuatro por cuatro negro, como tantos otros. Desde luego ella no distingue la marca. Además está cubierto de barro. Quizás el conductor se ha metido en el fango del río o, tal vez, es uno de esos listillos que cubren con barro la matrícula para ahorrarse el peaje del puente. Cuando les hacen la foto por saltárselo sin pagar, como no se ve la placa, no hay manera de localizarles.

En ese preciso instante la primera ráfaga de aire del anunciado huracán Joaquin entra en la costa este y tumba de un manotazo la bicicleta que Kathy había colocado con un cartel de FREE, gratis, en la acera de su casa.