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CAPÍTULO 30

Historias del Valle sin Retorno: Canto de sirenas / Siren song

Van a cerrar el Wal-Mart del Valle Sin Retorno. El supermercado para el que John Donahue transporta las verduras pasadas de fecha al centro de compostaje. Adiós empleo, adiós. Adiós a la mitad de su sueldo como freelancer.No es un buen año. Primero lo de Kathy, que le tiene muerto, paralizado por dentro… y ahora esto. La vida parece haberse ensañado con él con más malicia de la necesaria.

Guillermo Fesser |  Madrid |  29/01/2016

La noticia del cierre de Wal-Mart es la comidilla en el valle y John Donahue no puede evitar un exabrupto cada vez que escucha hablar de ella. “Those bastards!” se queja utilizandola palabra bastardo, que sigue teniendo bastante salida como insulto en inglés. Porque no suena terrible, terrible, pero queda claro que te cagas en sus muertos. Los de Wal-Martllegaron, tiraron los precios, se cargaron el comercio local que no pudo competir con ellos, subieron otra vez los precios para aprovecharse del monopolio y, ahora, como no le salen las cuentas a un ejecutivo global en "Arkansaa" (lo que nosotros llamamos Arkansas), pues cierran y se van.

154 comarcas de Estados Unidos se quedan sin Wal-Mart. Sin Wal-Mart y sin las tiendas del pueblo que se encargó de cepillarse la cadena. O sea: sin ningún sitio en el que comprar pan, leche o acelgas a menos de 50 millas. Y encima, esas 154 comarcas, como el Valle Sin Retorno, pierden de golpe el 26 por ciento de su recaudación de impuestos.

“Those bastards” vuelve a exclamar John al terminar la visitaa la casa de Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas. El hogar de la escritora norteamericana está cerca de Boston, en el Minute Man Historical Park, lugar en el que en abril de 1775, un grupo de milicianos disparó las primeras balas contra las tropas británicas. El nombre de Minute Man, hombre minuto, refleja el apodo con que se conocía popularmente en la guerra de independencia estadounidense a los miembros de la guerrilla rebelde. They were known for being ready in a minute's notice. Se hicieron célebres por ser capaces de estar operativos, tras el aviso, en tan sólo un minuto.

John Donahue ha venido a ver a su hija Rosy. Y a felicitarla. Aquí se encuentra el Instituto Schuster de investigación periodística, con quien colabora Rosy desde hace algunas semanas. La misteriosa desaparición de su madre primero, y la dramática ruptura con su pareja, después, empujaron a la joven a cambiar de aires. Decidió, les dijo a los de Apple Radio, volver a Massachusetts para estar más cerca de su padre y sus hermanos. Pero pesa también la angustia de no saber en realidad si Kathy, su madre, sigue aún con vida y la esperanza de que su paso por el Schuster le pueda abriralgunas claves para descubrirlo.

El mierda de su novio se quedó en Williamsburg. Mientras que a Rosy no ha dejado de perseguirle la depresión y el insomnio, él no ha dejado de bajar cada noche a hacer su ronda de bares. Como si no hubiera sucedido nada y, encima, haciéndose la víctima. “Es que no se va a solucionar lo de tu madre porque no me hagas a mí ni caso, Rosy.” Así que Rosy le dijo “go fuck yourself!”, que se entiende igual de bien que lo de bastards aunque, eso sí, suena bastante peor, y aceptó la oferta del Schuster como psicóloga consultora.

Ponerse al día en los casos de presos injustamente condenados le costó Dios y ayuda. El sistema resulta tres vueltas de tuerca más duro de lo que ella hubiera imaginado. La estimación más optimista indica que, en Estados Unidos, 1 de cada 25 condenados a muerte ha sido sentenciado en base a pruebas erróneas. Bendito ADN que, desde que vino al mundo en los 80, ha exonerado a 334 almas de su condena.

El 8 de febrero, a las 2 del mediodía, el juez va a fijar la fianza para que salga en libertad, después de 30 años, George D. Perrot. Condenado por un pelo que el FBI atribuyó sin criterio científico alguno, a su cabellera. Allí estarán todos. CNN. ABC. NBC. CBS. Prepárate a ver su sonrisa en el telediario. Y el abrazo con su madre. A Rosy, sólo de pensarlo, se le pone la carne de gallina. Y no puede evitar acordarse de su madre y confiar en que allá donde esté, no la acompañe el sufrimiento.