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Capítulo 34

Historias del Valle sin retorno: Año bisiesto / Leap year

Apenas una semana antes de que El Grilo inicie su gira por Estados Unidos y arme el taco con su baile de Jerez, el gender fluid opta por su lado femenino. Esta noche, con el pelo corto y engominado, Kingston se siente definitivamente Victoria y, movida por esos instintos, se acerca a curiosear la silueta masculina del cartel. “Direct from Spain. Joaquín Grilo. Flamenco Dance. Pataitas por bulerias and technique. 55 dólares.”

Guillermo Fesser |  Madrid |  26/02/2016

Esto ocurre en Luisiana porque Victoria Ackerman, con la disculpa de visitar la universidad de Tulane, uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, se ha bajado a Nueva Orleans a celebrar los festejos del año bisiesto. Al mismo tiempo en la ciudad de Boston, a dos mil cuatrocientos kilómetros de distancia, Guss Sanders guarda en el cajón de su mesilla las entradas para el Flamenco Festival 2016 en el Berklee Performance Center. Apaga la luz y, como cada noche, vuelve a encontrarse con sus fantasmas.

Una vez más se pregunta qué es lo que pudo ocurrir aquella mañana del primer día de otoño de 2015 para provocar una reacción tan agresiva en Kathy. A qué vendría el enfado que propició el desenlace de los terribles acontecimientos. Se ha comido el tarro muchas noches visitando el mismo interrogante y, ahora, por primera vez, se plantea que la respuesta quizás obedezca a postulados mucho más sencillos. Para empezar, nunca debió de pronunciar aquella desafortunada frase. Cuatro palabras en inglés, tres en español, que componen el conjunto de letras que peor le sienta escuchar a una mujer de boca de un hombre: “You look so tired / Pareces muy cansada.”

Nueva Orleans recibe a sus visitantes con grandes letreros que les desean un Happy Leap Year. A ver cómo te explico yo porqué le llaman así los norteamericanos al año bisiesto. ¿Te acuerdas de la famosa frase de Armstrong en la luna? “That´s one small step for a man, one giant leap for mankind” Leap es lo que hacen las ranas. Un salto, como el que pegaba El Cordobés frente al tendido. El año bisiesto en inglés es un leap year porque el calendario gregoriano se pasa por alto un día. Míralo así. En 2012 el día de navidad cayó en martes. En 2013, en miércoles. El 25 de diciembre de 2014 fue jueves. ¿Navidad 2015? Viernes. Al 2016 le toca sábado, pero este año, por ser bisiesto, navidad pega un brinco y se planta en domingo. Leap year. El año del salto.

El sur de Estados Unidos sigue siendo machista. En Luisiana, como en los vecinos estados de Texas y Arizona, en época de fiestas predominan las tres ges. Girls, guitars and guns. Chicas, guitarras y armas. Los vaqueros no pueden evitar su pasión por las pistolas y cualquier disculpa es buena para pegar unos tiros. No sorprende pues, que el eslogan en favor de la seguridad que cuelga en todos los centros públicos del país, “If you see something, say something / si ves algo, di algo”, aquí el imaginario popular lo haya trastocado por un explícito “if you see something, shoot something / si ves algo, pégale un tiro.”

En Jackson Square la gente dispara al aire sin que la policía pueda evitarlo. Se repite en cada fiesta. Descargas al cielo. Al infinito y sin ánimo de herir a nadie. Pero las buenas intenciones también obedecen a la ley de la gravedad. Todo lo que sube baja. La mayoría de las balas encuentran descanso en los tejados. Sobre el restaurante Stanley. Encima del Luisiana Visitor Center. En los aleros de la catedral de San Luis. Pero una de ellas desciende en picado por la calle Madison, rozando la fachada del edificio donde está la famosa tienda de artículos de carnaval. Para cuando Victoria quiere reaccionar es demasiado tarde.

El poster de El Grilo se nubla sin comprender de donde ha provenido el impacto que ha golpeado su frente y le obliga a hincarse de rodillas sobre la acera. Entonces se le presenta una imagen. Es la silueta de una mujer hermosa. Está herida. Bañada en sangre. Sale del coche amarillo y da unos pasos hacia ellos. They, Kingston o Victoria, queda paralizada por el miedo. “Yo he visto una persona muerta, ¿quieres que te lo cuente?” le preguntó a Grace Donahue el día que se conocieron. Pero la chica le dijo que no y ella ahora se arrepiente de no habérselo contado a nadie. El griterío de la calle se transforma en un sonido repetitivo, monótono, machacón.

Es la chicharra del telefonillo y Guss Sanders, en su apartamento de Boston, se sobresalta al escucharlo tan tarde. Abajo, en la calle, el inspector Chuck Madera intercambia una media sonrisa con su compañero mientras musita: “no sé por qué, Glover, pero me da a mí que al bastardo de tu amigo al final no le van a conceder el premio Nobel.”