Alsina, buenos días. Lo reconozco… ¡No sé cómo lo haces! Mismos personajes, casi misma trama, pero siempre con nuevas perspectivas que barnizan de actualidad lo que pasa. Sigo enganchado a lo de la Vuelta y tengo un pavor desmesurado a repetirme.
El seísmo del boicot ha tenido diversas réplicas y algunas de ellas quieren involucrar al deporte y sus más relevantes competiciones. Con tu venia, seré reivindicativo. Porque me enorgullece que el deporte sea vehículo, sea escaparate, sea ejemplo… pero no me hace tanta gracia que para algunos sea como el que portaba el pendón en las batallas y encima era avanzadilla en las primeras líneas. (¡Cómo se defendía ese hombre!).
Asumo que me dura el trauma de los boletos de hace 30 años cuando mi admirada y adorada María Hernández me decía: "Edu, solo 30 segundos porfa, que ha hablado fulano". ¡Anda!, ¿y por qué lo mío?, ¿por qué esa mentalidad colectiva de que es materia prescindible?
Me pasa igual con la clase política, cuando en los pomposos discursos leídos en magnas salas y escritos por 10 o 15 pares de manos, el presidente o el alcalde o el de la diputación se recrea con las virtudes ancestrales de su tierra: los personajes históricos, que si pintores, que si cineastas, que si héroes… ¿Y sus deportistas? Porque de Cervera o de El Palmar es difícil perorar sin que te salga un Márquez o un Alcaraz.
Concluyendo, si hay que visibilizar, amplificar, abanderar, apagar focos, clausurar gradas, romper inscripciones y mandar a casa a los achandalados, pues se hace, que lo que está sucediendo día sí día también tiene la suficiente gravedad como para que el mundo detenga hasta la rotación. Pero estaría muy bien que esta vez… no se nos dejara solos.
