Hoy vengo a desarrollar en tu micro un concepto amplio y moldeable: la territorialidad. Pero no de esa clase a la que tú estás acostumbrado. Mañana se disputa en el Metropolitano el derbi castizo y por primera vez, tendrá árbitros madrileños para demostrar que cada vez somos más civilizados los de la cosa futbolera.
Es verdad que estarán en la sala VAR, es verdad que pondrán sus espaldas y no sus caras, es verdad que no serán los principales y que no soplarán silbato alguno, pero es un paso más hacia el futuro de cara a que se pueda ejercer en el verde en función de la calidad que tengas y no de a qué población pertenezcas.
Se ha de ir de a poquitos porque son muchas las represalias que se han tomado en épocas pretéritas por decisiones ejecutadas. Hoy, lo de ser trencilla en la élite se lleva bien porque la remuneración actual hace brillar hasta los ojos de la vice-Montero por lo que recauda, pero en categorías inferiores, en esos campos modestos donde está más cerca el paraguas afilado del papá de turno que la garita donde guarecerse, es profesión/vocación de alto riesgo.
Con el affaire Negreira latente en el juzgado sin escandalera, con el caso Rubiales en el cajón del olvido, con la interinidad superada y el expediente medio limpio, el presidente Louzán ya se ve con confianza y estabilidad para taladrar paredes en Las Rozas colgando su título o las fotos familiares, y también para intentar avanzar en la modernización del colectivo sin que todo nos parezca liviano y efectista.
¿Cercenar el segundo apellido del árbitro? Chufla. ¿Hacer públicas las designaciones solo 24 horas antes de los partidos? Broma. Hay más filtraciones en ese grupo de WhatsApp que en el de la ACE (Asociación de Chivatos de España). ¿Lo del video-revisión con la asunción de errores? Choteo. Más pedagogía, más transparencia, más respeto. ¡Y más horas, a lo Garamendi!!
