El post de Radioestadio

Edu García: "Un año ya desde la retirada efectiva de Rafa Nadal como mito del tenis"

El director de Radioestadio ha querido detenerse en el aniversario de la retirada de Rafa Nadal.

Edu García

Madrid |

Compruebo que no se llevan las treguas y menos en materia informativa, sin receso opera la máquina de las noticias. Atrás va quedando una semana prolija donde novedades, titulares y efemérides tuvieron su hueco. La que me importa no es de 50 años, solo de uno y de los que vuelan. Un año ya desde la retirada efectiva de Rafa Nadal como mito del tenis, un año sin empuñar raqueta como profesional que él mismo quiso terminar peloteando por placer con la promesa filipina Alex Eala en su espectacular academia.

365 días almacenados ya en los que el planeta deporte le homenajeó, le agasajó, le colocó hasta el birrete como doctor en leyendas y gestas imborrables. 12 meses en los que Rafa ordena su legado y multiplica su presencia en aquellos lugares donde le exigen evangelizar aunque a él le siga pareciendo pretencioso tal empeño.

He comprobado de primera mano cómo su obra crece desmesuradamente con ese rumbo claro que él siempre sostuvo: trabajo, sacrificio, constancia y espíritu creativo para soñar lo que cada cual se imagine. Ya son más de 600 los empleados que, como elfos en Laponia, atienden, ayudan y posibilitan que “nadales” en potencia se permitan esa licencia de soñar que lo imposible puede hacerse. Raquetazos, carreras, codos hincados para no descuidar la formación y muchas ganas de expandirse para que esta doctrina campeona nunca muera.

Sigo creyendo que la mayoría de los mortales no tiene interés alguno en perpetuarse, en que su nombre o su obra sigan latiendo, pero respirando ese aire de Manacor entre canchas y gimnasios, entre aulas y despachos, me convenzo con hechos de que hay senda trazada por la que poder caminar. Por eso estamos en las semis de la Copa Davis. Porque en una semana como esta, con un adiós tan doloroso, solo una alegría podría servir nuestra gente de la raqueta. Hijos de un mismo Dios, que nos diría Willen Dafoe.