La última sesión de control fue como suele, un control a la oposición que devuelve las injurias en una bronca semanal. El estilo es cañero y faltón. En la última escabechina, Sánchez presumió de estabilidad en un día que volvió a ser un diálogo de sordos donde los diputados no se escuchan ni se entienden; si le preguntan por la corrupción, contestan con surrealismo.
Dijo Sánchez que en estos siete años habido siete primeros ministros en Francia, seis primeros ministros en Austria y cinco en el Reino Unido. "Y de política nacional usted el tercer elegido del PP". Feijóo contestó con dureza diciendo: "Usted no defiende ninguna causa noble, solo quiere tapar las vergüenzas", le criticó por la falta de estabilidad y no dijo y citó la derrota de jornada laboral, pero le volvieron a contestar que la economía va como un cohete.
Les echaron en cara que en Moncloa la ley se cumple solo a ratos y que cuando va a perder una votación se va al cine. Los del PSOE se quejan de que les insultan cada minuto y medio diciendo que han convertido la Moncloa en un centro de negocios para la mujer del presidente, que ha pasado de contable de saunas a catedrática,
Cayetana habló de la demacrada presidencia de Sánchez: "Ni el prófugo querrá hacerse una foto con él". Criticó los pactos con quienes llaman fascista al Rey Felipe VI. También se dijo que el Gobierno más inestable de la democracia persigue a la Guardia Civil. No se para qué sirve tanto insulto y mala leche. Desde el banquete de Platón la oratoria es mejor con el vino porque al beber se discurría. No le vendría mal a los diputados una copa antes de hablar. Viva el vino
