Ernest Hemingway, al que yo vi salir del Hotel Iberia de Cuenca con una cantimplora de ron en la mano, convirtió una fiesta pueblerina de gaitas, chistus, tambores y "Riau-riau" en la gran fiesta. Cuando se pegó un tiro en la cabeza el dos de julio de 1961 tenía entradas para San Fermín y dos días antes de morir llamó al hotel La Perla para anular la reserva.
En el año 23 llegó de París a Pamplona y se enganchó en los encierros. Al año siguiente volvió en compañía de Dospassos, y luego escribió Fiesta. Corrió por primera vez el encierro y le fascinó. En la guerra civil escribió "Por quién doblan las campanas". Amó, pescó truchas, se emborrachó y describió así el chupinazo: "Las fiestas estallaron e hicieron explosión al mediodía del 6 de julio, no hay otro modo de describirlo". Le dieron el Nobel en 1954.
Este año hubo cogidas graves y heridos. Los encierros han dejado 16 muertos a lo largo de la historia. Pío Baroja, que era vasco con boina, tenía una idea más aciaga de los sanfermines. Los consideraba la fiesta de sangre de un pueblo rudo y fanático. También le parecía estúpida la Navarra vasca, que fue reino hasta 1841.
En Navarra se publicarán las "Glosas Emilianeses" uno de los primeros escritos en castellano. Este año hubo gran pitada al alcalde Bildu. Fue recibido en la plaza de toros con gritos de 'fuera, fuera' en un ambiente de tensión. Los de Bildu está contra los toros y lo que quieren es independencia. Los navarros, y los turistas, beben vino en botas de piel de cerdo curadas con los vinos de tres climas, atlántico, continental y mediterráneo, y se lo pasan en grande. Así que Viva el Vino.
