EL GALLO ZUMBÓN

Rafa Latorre: "Uno no puede someterse a semejantes torsiones sin terminar rompiéndose y lo de Sánchez tiene pinta de irremediable"

Rafa Latorre comenta en Más de uno la remodelación del Gobierno de Pedro Sánchez.

Rafa Latorre

Madrid | 12.07.2021 08:42

Va a resultar bastante raro que las razones del adiós de Ábalos te las expliquen los mismo que vaticinaban que sería vicepresidente. O por qué Iceta es ministro de Deportes cuando se le adjudicaban las más elevadas misiones de Estado. Iván Redondo iba a soltar billetes desde un helicóptero y en cambio uno ya lo imagina con el daiquiri y la camisa hawaiana.

Yo no vengo a hablar ahora de los que se van sino de lo que permanece. La cuestión es que estamos ante una personalidad peculiar, la de Sánchez, que de verdad cree que puede reinventarse cada día y que los españoles se lo perdonarán todo porque tienen la memoria de un teleosteo.

Sánchez fue el espartaco de la militancia y ahora su historia es una melopea de contradicciones

En la forja de un liderazgo, allá de cuando el Peugeot, fue fundamental que Sánchez tenía una historia que ofrecer. Sánchez fue el espartaco de la militancia y ahora qué es, si su historia ya es una melopea de contradicciones, una narración ebria de hechos contradictorios únicamente guiados por una pulsión de poder.

De forma quizás no intencionada, la gran escabechina nos recuerda algo relacionado con el tiempo y la distancia. Sánchez acaba de cumplir tres años de presidente. Este nivel de abrasión se solía alcanzar a los 6, 7 años de mudarse a la Moncloa. Lo otro está relacionado y es su fragilidad. Ha llegado muy lejos con poquísimo. Con un escuálido grupo parlamentario y haciendo malabares con una panoplia de socios de interés muy dispares.

Pues concluyo es que en cada momento decisivo de su odisea, Sánchez puso a prueba la amnesia social de los españoles. Ahora llega el Sánchez de la gestión económica y la ortodoxia socialdemócrata, pero uno no puede someterse a semejantes torsiones sin terminar rompiéndose y lo de Sánchez tiene pinta de irremediable.