EL INDULTADO DE RUBÉN AMÓN

Rubén Amón indulta a Rafael Sánchez Ferlosio: "Conservaba la socarronería y la soberanía intelectual"

El último sábado de Sánchez Ferlosio fue el pasado sábado. Y no difirió demasiado de los anteriores, pues Ferlosio tenía la costumbre de oficiar una tertulia de amigos en un restaurante del barrio de la Prosperidad. Un restaurante de propiedad china y de menú español. Incluida la tarta de limón que pidió en el momento de los postres.

Rubén Amón | @Ruben_Amon

Madrid | 02.04.2019 09:53 (Publicado 02.04.2019 09:29)

Estas cosas me las ha contado Miguel Ángel Aguilar. Que estuvo con Ferlosio el pasado sábado. Mano a mano. Conversaron sobre la polémica mexicana. Y encontró Aguilar a Ferlosio lúcido, en buena forma. Se desplazaba con lentitud, necesitaba un bastón, pero no parecía que fuera a ser aquel el último sábado del maestro.

Y no por la edad, 91 años, sino porque Ferlosio conservaba la socarronería y la soberanía intelectual. Nunca quiso ser académico, por ejemplo. Ni tuvo nunca un sueldo fijo. Vivía entre la bohemia y las carambolas inmobiliarias de la familia. Cuando se divorció de Carmen Martín Gaite le entregó los derechos de El Jarama. Y de otras obras literarias.

Quiere decirse que Ferlosio era un hombre desprendido. Desprendido y atrabiliario también. Buena gente. Más exigente con el lenguaje que consigo mismo. Y muy consciente no ya del peso de la palabra, de los límites de la palabra, sino de la caligrafía como embrión, como gesto.

Letra de orfebre, con oleaje moderado. Por eso remitía sus escritos manuscritos.Y no necesariamente breves. Se recuerda en El País un artículo de 27 folios que nunca se terminó de publicar porque hubiera ocupado medio periódico.

Llevaba consigo bastón Ferlosio, ya lo hemos dicho, pero no hemos dicho que llevara consigo una lupa. Le permitía leer mejor el menú del restaurante chino de comida española, pero sobre todo le consentía ver más allá de las palabras.