CON RUBÉN AMÓN

Rubén Amón indulta al comisario Reynders: "Su afinidad al PP europeo suscita los recelos del Gobierno socialista"

Rubén Amón indulta al comisario Reynders que ha venido a nuestro país a intentar solucionar el bloqueo de la justicia española.

Rubén Amón

Madrid | 29.09.2022 10:18

Rubén Amón indulta al comisario Reynders: "Su afinidad al PP europeo suscita los recelos del Gobierno socialista" | Foto: EFE/ Oliver Hoslet

El comisario Reynders. Me resulta atractivo indultarlo. Parece una serie alemana de sobremesa. El comisario Reynders, aunque el comisario Reynders no es policía ni actor, sino intermediario plenipotenciario de la Unión Europea para intentar resolver el bloqueo de la justicia española.

Y diréis qué hace un comisario europeo entrometiéndonos en la justicia patria, aunque esta visión proteccionista tendría más sentido si no fuera porque la crisis institucional de un país del peso de España se convierte en un problema comunitario al que urge una solución.

Por eso necesitamos un árbitro, un mediador en el divorcio del bipartidismo. Y un interlocutor extranjero cuya intervención permita a las dos partes llegar a un acuerdo sin aparentar haber cedido ninguna de ellas.

Bien está la componenda. Y bien está la utilidad de Europa que tantas veces se cuestiona, aunque la afinidad del comisario Reynders al Partido Popular Europeo ha suscitado los recelos del Gobierno socialista.

Como si estuviera mediatizado por el PP. Y como si el embajador comunitario se resistiera a reconocer que el bloqueo de la justicia tiene más que ver con el obstruccionismo de los populares que con la responsabilidad de los socialistas.

El comisario Reynders no se llama comisario, sino Didier. Es belga. Tiene 64 años y el pelo blanco. Y la frente desmesuradamente amplia. Lleva gafas. Entiendo que estos detalles no aportan una información nutritiva, pero sirven para identificarlo cuando se ponga el uniforme de hombre de negro o el disfraz de relator.

El problema es la credibilidad. Ya lo decía Marta García Aller. Si hay un país donde se ha cronificado la provisionalidad y el descrédito institucional es precisamente Bélgica, cuyo puesto de presidente de Gobierno estuvo desierta durante 591 días.