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desapareció en 1983

Rubén Amón indulta a Emanuela Orlandi: "No hay manera de hallarla viva ni muerta"

Más que indultar a Emanuela Orlandi lo que nos gustaría es exhumarla o al menos encontrarla. Era hija de un funcionario vaticano. Y desapareció en 1983, cuando tenía 15 años. Pero no hay manera de hallarla viva ni muerta.

Rubén Amón
  Madrid | 15/07/2019

Es un misterio de ultratumba que permanece como tal después de haberse malogrado la iniciativa de encontrarla en una tumba ajena muy cerquita de San Pedro. Monseñores, testigos, informadores, apuntaron a que la muchacha acaso descansaba eternamente en la tumba de la princesa de Hohenlohe o en la adyacente de Carlota de Mekclemburgo, pero las tareas de exhumación han llevado a una conclusión estremecedora: ni estaba Emmanuela, ni estaba ninguna de las princesas, sepultadas respectivamebte en 1836 y 1840.

El siniestro desenlace añade angustia y desasosiego a los familiares de Orlandi. Y los devuelve a una pesadilla que ya habían vivido en 2012, cuando se exhumaron en el templo de San Apolinar los restos de un capo mafioso romano, Enrico de Pedis, alias Renatino, creyéndose que la tumba guardaba el secreto de la muchacha desaparecida.

Renatino sí que estaba, pese a haber sido enterreado en 1990. Y presentaba incluso buen aspecto, de modo que su clan mafioso dedujo que se trataba de un milagro. Y que era una profanación haber atribuido al boss romano enterrarse para siempre con Emmanuela.

Hubiera sido una manera siniestra y oscura de ocultar un secreto. Pero habría una razón. Emmanuela Orlandi podría haber sido el precio que la cosa nostra romana puso al Vaticano por haber malogrado sus ahorros en la fallida Banca Ambrosiana.

Y el padre de la criatura, empleado de Juan Pablo II, habría sido el destinatario del mensaje, llevando al extremo las relaciones de la Iglesia y la mafia, no siempre disociadas entre sí en nombre del antiguo régimen.

Y ya que hablamos de antiguos régimenes, igual es mejor evitar la exhumación de Franco. No porque vaya a encontrarse el cadáver de Emmanuela Orlandi, pero imaginaos que no hay nadie.