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EN MÁS DE UNO

Rubén Amón indulta a los alcaldes de El Escorial: "Gobiernan y gestionan la necrofilia turística"

En el juego de los pactos, proliferan los ayuntamientos de poca relevancia demográfica, pero de mucha sensibilidad simbólica. Os pongo un ejemplo inequívoco: San Lorenzo de El Escorial. Y no porque reúna muchos vecinos, apenas 18.000, sino porque del municipio madrileño depende territorial y administrativamente el Valle de los Caídos. O sea, la momia de Franco.

Rubén Amón
  Madrid | 07/06/2019

Bien lo sabe Blanca Juárez, alcaldesa del municipio. O no tan alcaldesa, pues un hipotético acuerdo de PP, Ciudadanos y Vox -todavía no está claro- la destronaría del cargo pese a haber ganado los comicios al frente del movimiento municipalista Vecinos.

Fue la plataforma desde que la ha estado gobernando estos años gracias al acuerdo de investidura de seis partidos. Gobernando... y gestionando la necrofilia turística, bien porque ya se alojan 26 austrias y borbones en la cripta del monasterio escurialens, o bien porque el reclamo del caudillo ha representado un estímulo mediático y económico.

Es El Escorial por tanto una ciudad de ultratumba. Y de resonancias metafísicas, hasta el extremo de que frecuentan los aledaños del municipio los devotos de las apariciones de la Virgen. No reconocidas por el Vaticano, pero sí asimiladas por los peregrinos, cuyas movilizaciones adquieren corpulencia una vez al mes no vaya a repetirse el milagro.

En realidad, el fenómeno mariano no se produce en San Lorenzo de El Escorial, sino en El Escorial. Porque no es lo mismo el pueblo de arriba, que gobierna sobre la momia de Franco, que el de abajo, concernido por las apariciones de la Virgen.

Los separa una calle, pero qué sería de España si no hubiera una frontera para delimitar territorio, garrota y equipo de fútbol. Lo gracioso es que el pueblo de arriba vela por el que está abajo, Franco. Y el de abajo, por la que se aparece de arriba, la Virgen.