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EL BLOG DE ALSINA

Veinticuatro horas después, ya está todo dicho

Les voy a decir una cosa.

Veinticuatro horas después, ya está todo dicho. Se han hecho ya todos los análisis, todas las sumas, todas las cuentas y todos los juegos de palabras y las imágenes a que se presta el sorprendente desenlace que anoche se produjo en Cataluña, tan desfavorable para quien convocó las elecciones creyendo que ésta era la suya.

Carlos Alsina | Madrid  | Actualizado el 19/07/2018 a las 09:39 horas

Mas saluda tras las elecciones

Mas saluda tras las elecciones / EFE

Moisés abrasado en su zarza; Moisés descalabrado por las tablas de la ley que le han roto la crisma; Moisés ahogado en las aguas del mar Rojo. Braveheart descabalgado. Bolívar en Santa Marta. Todas las imágenes literarias ya están escritas, sobre el rey Arturodesmesianizado”, despojado de báculo y reducido, por la voluntad de un pueblo, a la condición de simple mortal, o de simple gestor de la cosa pública, que tampoco es poca cosa. Lo único que aún queda por decir es qué le parece a Convergencia i Unió el resultado de esta operación política. No lo que está diciendo hoy, o lo que anoche dijo Mas -argumentarios de todo a cien improvisados bajo el shock de habérsela pegado contra pronóstico- sino lo que vaya diciendo con el paso de los días, cuando la indigestión inicial vaya dando paso a una digestión más sosegada.

Convergencia i Unió no es Artur Mas, o no es sólo Artur Mas. Hay otros dirigentes, hay otros puntos de vista, hay sectores diversos (como en todos los partidos de amplio espectro) y es inevitable que de un fracaso como el de ayer surga un debate interno sobre por dónde hay que seguir o dónde conviene poner el acento -dónde conviene ponerlo y de dónde conviene quitarlo, aunque sólo sea de momento-.

Ésta va a ser la clave de la nueva legislatura que va a comenzar en Cataluña: con qué actitud -y qué planes- despierta CiU de esta ensoñación en la que ha vivido los dos últimos meses y medio, desde la Diada. “Ensoñación” no porque no sea cierto que hay una mayoría de catalanes disgustados con la financiación, o deseosos de que se someta a referéndum la permanencia de Cataluña en España -que, en ese aspecto, la mayoría parlamentaria es clara-, “ensoñación” porque CiU llegó a creer que sumándose a la manifestación y asumiendo (nada menos que el president) el clamor de aquellos cientos de miles de ciudadanos lograría que la sociedad se identificara de tal modo con él que pasaría de ser presidente de un gobierno en minoría parlamentaria a ser la voz del pueblo, la única voz del pueblo catalán, una comunión imbatible entre la sociedad y su líder.

¿Para qué? Para poder gobernar él solo con una apabullante mayoría parlamentaria. Éste fue siempre el objetivo del adelanto electoral: conseguir la absoluta que se le resistió en 2010. O como dijo el propio Mas en campaña, dejando a la vista la jugada, tener en Cataluña lo que Rajoy tiene en las Cortes, un rodillo que le evita tener que andar negociando apoyos. Para ello hizo pasar el president por instrumento lo que, en realidad, era el objetivo e hizo pasar por objetivo lo que, en realidad, era el instrumento. Requiero una mayoría para conseguir el referéndum de independencia, vino a decir, pero la mayoría no era el medio, sino la meta, y el referéndum, la independencia y todo lo demás no eran la meta verdadera, sino sólo el medio para hacer realidad la ansiada mayoría. O por decirlo en otros términos, reducir a todos los demás partidos, incluido Ezquerra (o sobre todo Ezquerra) a la condición de minorías irrelevantes y quedarse con todo el voto nacionalista-soberanista- independententista para CiU.

Ésa era la jugada y por eso tienen tan claro en CiU que esto ha sido un fiasco. Porque sólo tres de cada diez votantes catalanes han elegido a Artur Mas como su voz. Y porque a las urnas se va a conseguir escaños propios, no a hacer sumas sobre quiénes son independentistas o quiénes desean referéndum. Eso queda para los discursos oficiales, los mítines y las entrevistas. Y ahora también, para meterle presión a ERC diciendo esto que hoy dijoi Oriol Pujol: quien quiera consulta y derecho a dedicir, tiene que ayudar a gobernar porque una cosa va con la otra. Lo próximo será culpar a ERC de que se meta en la nevera la promesa del referéndum. Pero, de puertas para adento en los partidos lo único que vale es “cuántos escaños teníamos y cuántos hemos sacado”. Y es ahí donde la digestión en CiU no ha hecho más que empezar.

Abogar por la independencia ha resultado una mala inversión electoral. Cuanto más insistimos en la independencia, dicen ya hoy algunos convergentes, más fuerza tiene Ezquerra y menos nosotros. Cuanto más hemos hablado del derecho a decidir, más decisiva se ha hecho Ezquerra y más capacidad de decisión hemos perdido nosotros. La suma de ambos grupos en la cámara sigue siendo la misma, pero antes era 60-10 a favor de CiU y ahora ha salido 50-20. Si por ese camino quien sale beneficiado es tu competidor, tiene todo el sentido que algunos se planteen una revisión, un repensar lo que se ha venido haciendo.

Un partido político aspira a tener muchos escaños para tener el poder. De eso se trata. Los dirigentes de CiU no aspiran a una Cataluña independiente, aspiran a una Cataluña independiente en la que el poder lo tenga CiU. Si hubieran de escoger entre una Cataluña autonómica cuyos núcleos de poder sean convergentes y una Cataluña independiente donde manden otros, se quedaría siempre con lo primero. Y el plan de inversión que diseñó la actual cúpula de la formación -con Mas a la cabeza, pero con todos los demás asintiendo- se ha revelado erróneo y altamente costoso. Muy mal negocio, Artur, muy mal negocio. A la plana mayor de Convergencia no le consuela -cómo le va a consolar- que haya diarios extranjeros que digan que ha avanzado el independentismo, como anoche celebraban algunos arturistas dando una relevancia mayúscula a los títulos apresurados de algunos diarios digitales. Esto es parte, también, de la ensoñación: haber pretendido que todo el planeta estaba pendiente de lo que pasara ayer aquí y atribuir a los medios anglosajones un interés mayúsculo por los resultados de anoche.

Lo cierto es que las elecciones que el que presumían los independentistas y que el enfoque mayoritario hoy en la prensa de fuera es el mismo que el de la prensa de España: “Revés para el presidente catalán”. Incluyendo en la prensa de España a la prensa catalana, que hoy también destaca mucho más el tortazo de Mas que la suma de los soberanistas (entre otras cosas porque esa suma ya existía antes).

Artur Mas se plantó el viernes en la ruinas de la Barcelona de 1714 -el mercat del Born- para decir aquello de: “asumiendo el testimonio de la Historia, démos un mensaje histórico al mundo”. Tres días después, pasado el examen, el mensaje ha resultado ser bien poco histórico y el rey sigue siendo el Borbón.