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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Los testigos del procés consiguieron hincharle las narices a Marchena"

San Isidro. Fiesta en la capital del reino opresor. Hoy no hay juicio en el Tribunal Supremo. Hoy descansa Marchena. Hoy ya podrán ejercer de tertulianos los testigos que hizo pasar por allí ayer el abogado Salellas.

Carlos Alsina
  Madrid | 15/05/2019

Catorce semanas después de que empezara el juicio por rebelión, al tribunal se le han hinchado las narices. No es un concepto muy jurídico pero creo que sirve para explicar en qué punto está el medidor de hartazgo ante el empeño de convertir el juicio en lo que no es. No es un juicio a la actuación de la policía el primero de octubre, no es un debate sobre cómo de democrática es la autodeterminacion o cómo de dolorosa es la prisión preventiva.

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Desde el comienzo éste ha sido el empeño de algunos de los abogados. Algunos. Cambiar el foco. En lugar de sobre sus defendidos, por sus acciones y sus presuntos delitos, sobre la policía, sobre el gobierno central, sobre el Constitucional, sobre cualquier cosa que no sea lo que pasó y por obra de quién pasó. Y embarcando en esa misión a los testigos a los que citan: partidarios de la causa a los que no han debido de explicarles (o no han querido) que las preguntas se responden.

Testigos que tienen la formación suficiente como para saber que ante un tribunal las reglas rigen también para ellos, los testigos. No van allí a hacer de comentaristas. No van a demostrar cómo son de listos. Van a participar en un juicio. A colaborar con la justicia, no a retrasarla. No han sido convocados ni por el éxito que obtienen en sus mítines para convencidos ni por la brillantez de sus análisis en las tertulias. Son testigos de los hechos. ¿De qué fue usted testigo y en qué puede interesar a la causa? De eso se trata.

Ayer el tribunal debió sentirse como si le hubieran metido un ejército de trolls en la sala. Una procesión de saboteadores convocados para embarrar el campo, retrasar el reloj y convertir el juicio en una tertulia. Activistas discurseando.

Abrió la procesión un señor enfundado en una sudadera amarilla que ejerce de portavoz de un sindicato de profesores. En 2017 llamó a ocupar los colegios para impedir que la policía requisara las urnas. Para ser profesor, tiene el vicio de los malos estudiantes. Le haces una pregunta y, en lugar de responderla, te suelta un rollo.

Con el señor de la sudadera amarilla, que admitió que él mismo difundió a través de los medios las instrucciones para impedir el cierre de los centros, Marchena ya vio por donde iba la cosa. Luego llegó la profesora de filosofía Marina Garcés. Acostumbrada a sembrar de opiniones su relato.

Sabía que el referéndum estaba suspendido, sabía por qué estaba suspendido y sabía, como el resto de los testigos, que lo que ellos llaman resistencia pacífica consistía en obstaculizar el paso de la policía cuando llegara para retirar las urnas.

Es posible que quien desbordara ayer el vaso de la paciencia del tribunal fuera el testigo Matamala, de profesión, abogado. Estuvo en un colegio el primero de octubre ofreciendo, dice, asesoramiento legal.

Fue el abogado duro de oído el que terminó con la paciencia de Marchena. No es un concepto jurídico, pero consiguió hincharle las narices.

Tumbó ayer el tribunal el intento del abogado Pina de parar el juicio. Este escrito que comentamos la semana pasada y que buscaba que se suspendiera la vista hasta que el Congreso y el Senado respondieran a una petición de suplicatorio. Les recuerdo los argumentos del abogado: hay procesados que son diputados electos (uno senador, Romeva) y para seguir juzgándolo hace falta que las cámaras lo autoricen.

A esto responde el tribunal que va a ser que no. Que Junqueras y los otros ya están siendo juzgados y que supeditar la continuidad del juicio a que las Cortes lo bendigan equivaldría a conceder al poder legislativo la facultad de revisar lo que hace el poder judicial. Ni esa facultad existe ni tiene sentido invocar la condición de parlamentarios de quienes no lo eran cuando se produjeron los hechos.

Todo lo que permitirá el tribunal es que el martes que viene sean conducidos los procesados hasta el Congreso y el Senado a formalizar su situación y participar en la constitución de las Cortes. Qué gran momento escuchar a Jordi Sánchez, a Junqueras, a Turull, prometiendo defender la Constitución para volverse después a la celda en la que están por intentar tumbarla.

Junqueras no pudo asistir anoche al debate organizado por TV3 (la televisión con el director general procesado) porque el Ministerio de Interior no vio razonable abrirle la celda a las diez de la noche y enchufarle la videoconferencia. Y como al final Junqueras no participaba, a Puigdemont no le quedó otra que hacerse el digno y decir que él, entonces, tampoco. Envió en su lugar el Partido Puigdemoníaco a un propio, número 7 de la lista, a fingir que iba a debatir. Pero cuando empezó el debate, el muñeco pegó la espantada.

Y allí dejó a los demás aspirantes y al moderador, debatiendo entre ellos si TV3 tenía que prestarse al juego de emitir el minuto de oro que había dejado allí, grabado en un pendrive, el del flequillo.

Mañana, en el Parlamento de Cataluña, se vota la operación Iceta. Ciudadanos ya ha encontrado el argumento para explicar por qué no se opone a hacerle senador autonómico. Es que si todos bloqueamos los nombres de los demás partidos, terminamos por no tener senadores autonómicos. Acéptese pulpo como animal de compañía. No revela aún Ciudadanos si será una abstención o un voto a favor. Esquerra pondrá el huevo esta mañana y a esta horas las apuestas dicen que anunciará su voto en contra. Contra pronóstico es ahora posible que la operación de ingeniería política diseñada en la Moncloa naufrague mañana.