Había una vez un empresario de éxito, cincuenta años, canadiense, que después de haber hecho fortuna invirtiendo en tecnología y cuando pensaba que la vida iba a sonreírle eternamente sufrió la muerte de su esposa. El empresario, de nombre Karsh Relikh y muy parecido físicamente al actor Vincent Cassel, amó tanto a su esposa Becca y se sintió siempre tan unido a ella que el día que, incapaz de soportar el duelo y la distancia, diseñó un nuevo modelo de tumbas que, equipadas con la más moderna tecnología, envolvían el cuerpo del difunto en una suerte de malla digital que transmitía una señal de vídeo al exterior reproducible con una aplicación en el teléfono móvil.
Esta es la aplicación en la que basó su nuevo negocio. La contemplación, en tiempo real, de los restos de un difunto amado. No les cuento cómo sigue la historia porque seguramente no han visto la película. Esta es una historia de ficción gentileza de David Cronenberg. Su más reciente película, Los sudarios, ensalzada por algunos críticos ---indispensable, la deslumbrante— y despedazada por la mayoría -decepcionante, inane, un tostón, escribió Elsa Fernández Santos-.
Me vino a la cabeza esta película al escuchar anteayer a Yolanda Díaz, vicepresidenta dos de un Gobierno a trompicones describir de este modo el estado vital del cuerpo gubernativo (y lo de Cuerpo no va por el ministro). Dijo la vicepresidenta haciéndose un poco de lío: "En junio nos daban por casi muertos y hoy estamos mucho peor". El que tiene boca, se equivoca. Pero tal vez la vicepresidenta, sin pretenderlo, acertó en el diagnóstico.
Qué es mucho peor que estar muerto es difícil decirlo, pero quizá lo sea que todo el mundo pueda ver, en tiempo real, cómo te vas descomponiendo.
Todo el mundo pudo ver ayer cómo esa criatura llamada bloque de investidura -un prodigio progresista, para sus progenitores; el monstruo de Frankestein para sus críticos- yacía en el centro del Hemiciclo sin que sirvieran los esfuerzos gubernativos por reanimarlo. Se votaba mantener viva la letra de cambio aquélla que le firmó el PSOE a los de Junts un día que había que convalidar decretos en el Congreso (será por decretos) y los peones de Puigdemont reclamaron cosas que nada tenían que ver con lo que se votaba. Por ejemplo, la cesión integral de las competencias migratorias a Cataluña -así lo llamó la señora Nogueras- que acabó siendo la delegación no integral de competencias migratorias -siempre atento el PSOE a ajustar el nombre de las cosas-.
El Gobierno, que es quien negocia todo -un saludo misericordioso desde aquí a ese poste repetidor que es Patxi López-, le aseguró a Puigdemont que habría delegación de competencias; incluso redactaron a pachas una ley cuyo preámbulo vincula la inmigración con el colapso de los servicios públicos y el riesgo para la convivencia (o sea, la inseguridad).
No pareció incomodarle al PSOE que el socio puigdemónico al que le cedía la baza de haber arrancado a Madrid la gestión migratoria viniera haciendo un discurso bien parecido al de Salvini en Italia o al de Trump en América -ay, que llega tanto inmigrante que nos desequilibra la sociedad y la lengua-. No le incomodó, de hecho, al PSOE que su famoso socio progresista, con sede en Waterloo, justificara que se exigiera saber catalán para residir en Cataluña propagando el bulo de que en Zamora se exige el castellano -habrá estado Turull alguna vez en Zamora-.
Le firmó el pacto, le concedió la ley pero… llegó el momento de tramitarla allí donde se pasa de las musas al teatro y del triunfo al fracaso, o sea, en el Congreso de los Diputados. Y esto es lo que ocurrió ayer: que a Podemos no solo no le incomodó coincidir en el voto con el PP y con Vox sino que agitó la bandera de la lucha contra el racismo.
Belarra, que habría querido seguir formando parte del gobierno aunque la investidura se la debiera a Junts, ha descubierto en este partido algo más que un tufo xenófobo, un discurso de odio. Y Junts, que tantas veces apreció el aliento que recibía de Podemos, cuando se abonaba este partido al discurso de los presos políticos, el lawfare y el pobrecito Puigdemont, ha descubierto en Belarra y Pablo Iglesias una inquietante pulsión centralizadora y catalanofóbica, ahí es nada.
A los de Junts siempre encontró el Gobierno algo con lo que agradarles para que le salvaran votaciones; a Podemos no le ha encontrado aún la tecla. 'Piden imposibles', dicen en la Moncloa, 'están en el no a todo porque lo que quieren es tumbarnos'. ¿A quién, a Yolanda? A Yolanda, por supuesto, pero no sólo. Se han merendado a Sumar y ahora van a por nosotros, ¡el PSOE! Difuntos que se alimentan de difuntos y abren la veda contra los vivos. Esto más que ‘Los sudarios’ de Cronenberg es la rebelión de los zombies con guión de George A. Romero.
Difuntos que se alimentan de difuntos y abren la veda contra los vivos
Entre medias, aprovechan un diputado de Compromís y otro de la Chunta para sacar la cabecita del difunto bloque de la investidura y desmarcarse de la postura gubernamental alinénandose con Podemos. Y entre medias alza la voz Gabriel Rufián para decirle a Junts lo que ni el PSOE ni Yolanda Díaz -tampoco Yolanda- se atreven a decirle: que su discurso sobre la inmigración alimenta el racismo.
Qué incómodo debe de ser para Esquerra tener que confirmar ahora que gobernó siete años Cataluña con un partido que fomenta la exclusión del diferente. Eso sí, Esquerra cumplió con el gobierno central que indultó primero, y amnistió después, a su líder malversador, Junqueras. Porque dice Rufián que la delegación de competencias migratorias es a Cataluña, no a la derecha catalana, no confundan. Y que votar en contra, amigos de Podemos, es dar munición a Nogueras y su coro para que ahora os tachen de catalanófobos, en efecto.
Supongo que lo siguiente será que Rufián dedique hoy todos sus esfuerzos a refutar que el voto de Podemos ayer pueda interpretarse como anti catalanismo. Tiene a huevo explicar que discrepa de Junts, y de su discurso excluyente, no significa que uno vaya contra Cataluña. Lo que pasa es que Esquerra utilizó tantas veces ese mismo truco, llamar anti catalán a quien osara criticar los planes de Junqueras, que la refutación va a sonar hueca.
El bloque de investidura ya no es bloque e investidura, solo hubo una. Sánchez eludió someterse a una cuestión de confianza y está por ver que presente Presupuestos a riesgo de perderlos. Siempre podrá la portavoz Alegría citar a Corneille y decir aquello de 'los muertos que vos matáis gozan de buena salud'.
El bloque de investidura ya no es bloque e investidura solo hubo una
Las cosas del comer deben de ser la amnistía y la ley del desperdicio alimentario. La broma pesada del día corresponde al abogado de Santos Cerdán. Que escribe una nueva página de su realidad alternativa y atribuye su encarcelamiento, y su imputación previa, a una operación política para neutralizarle por lo buen negociador que era. Solo hay que ver, dice, que desde que Cerdán no está en el Congreso el gobierno pierde casi todas las votaciones. Va a ser eso, abogado, va a ser eso.

