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OPINIÓN

Monólogo de Alsina, sobre la quema del muñeco de Puigdemont: "Qué vas a esperar, Carles, de un estado fascista"

Día raro, raro, raro. Sólo en cinco comunidades autónomas tenemos lunes de regreso al tajo y madrugón al canto —qué remedio, como diría Pedro Sánchez, qué remedio—. Galicia, Madrid, Extremadura, Andalucía y Murcia. Ésta es hoy la España de los pringaos entre los que me incluyo. En el resto, o es festivo hoy o lo será mañana —llámenlo puente—. La prórroga de la Semana Santa que este año en Aragón y Castilla y León llega hasta el martes por obra y gracia de San Jorge y de los comuneros.

Carlos Alsina
  Madrid | 22/04/2019

En Coripe, provincia de Sevilla, ya sabrá usted que hicieron ayer la quema del Judas, que es una tradición muy suya. Muy de Coripe y muy de Robledo de Chavela y de decenas de pueblos de España y América. El fuego purificador que acaba con todos los vicios que encarna Judas y la nueva vida que comienza con la resurrección de Cristo, éste es el origen de la cosa, nada que ver con Cataluña. Hay pueblos en los que el Judas que se quema es el de la Biblia y hay pueblos en que se escoge al personaje más perjudicial del año y se le convierte en Judas. Esto es Coripe.

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Hacen un muñeco que se le parezca, lo pasean para que lo insulten, lo cuelgan de una higuera, le disparan y lo queman. Como desahogo vecinal es muy efectivo. Hombre, es verdad que puede resultar un poco brusco (ver al pobre muñeco maltratado de esa manera, con ensañamiento) pero no pasa de ser, como las fallas o los guiñoles, una representación. Es la ira popular dramatizada. Al personaje que le toca cada año lo que le tiene que doler no es que le quemen (que no lo queman a él, sino al muñeco), lo que le tiene que doler es caerle tan mal a los vecinos de Coripe. El año pasado quemaron a Ana Luisa Quezada y les cayó una denuncia por incitación del odio. Que quedó en nada, claro. Años atrás fueron quemados los muñecos de Sabrina, Bárbara Rey, Eva Sannum, Felipe, Aznar e Iñaki Urdangarín, entre otros. Pero este año le ha tocado a Puigdemont y Joaquim Torra se ha revuelto indignado. Y hay que entender que le moleste que hagan otro muñeco de Puigdemont porque el muñeco auténtico es él. Certificado por Waterloo. Es tremenda la competencia desleal de los imitadores de felpa.

Puigdemont también se ha quejado porque dice que hay que ver. Quemar a un muñeco que está ahorcado, dónde vamos a parar. Pero qué vas a esperar de un estado fascista, Carles, qué vas a esperar. Estas tradiciones arcaicas, ofensivas, desagradablemente españolas. Catalonofóbicas. Es verdad que en Alfaro, donde también hay quema, los que han ardido han sido el comisario Villarejo y Santiago Abascal (lo que le faltaba a Abascal, otro rey del victimismo). Y que a Rajoy lo ahorcaron varias veces no en tradiciones populares sino en protestas políticas: en un pueblo lo guillotinaron las juventudes socialistas y ahí lo tiene usted, tan pichi en su registro de la propiedad mientras su partido se desangra. Y es verdad, en fin, que en Venezuela, donde también hay quema de Judas, les ha tocado este año a Maduro y Diosdado Cabello. Pero si Puigdemont dice que hay que ver, pues hay que ver. Qué intolerable todo. Acabemos ya con el odio que genera la quema de Judas, las fallas, el carnaval y los gigantes y cabezudos. Que claramente promueven el odio a los altos y las personas con cabeza tocha.

Recordémosle hoy a Torra que sus colegas de Esquerra no sólo ahorcaron al rey Juan Carlos, hicieron algo peor: disfrazarle de burbuja Freixenet. Eso sí que es un crimen. Y disculpémosle porque es él, como muñeco genuino de Puigdemont, quien anda más quemado que el Judas de Coripe.

Qué campaña electoral más anómala, como diría también el presidente. Qué anómalo es esto de que la campaña coincida con un sucesión de días festivos en los que el personal desconecta de las trifulcas entre políticos aún más de lo que lo hace en una campaña sin festivos. Lo dijo aquí Susana Díaz la última vez que estuvo: una campaña con Semana Santa en medio es una incógnita para la movilización de la parroquia. O de las parroquias votantes, porque cada líder tiene la suya.

La traca final de la peor campaña que hubo nunca son los dos debates en televisión. Esta noche en la Primera, mañana en Antena3, La Sexta y Onda Cero. ¡Dos debates, señora! Qué escándalo, van a debatir los mismos dos noches seguidas. Dónde vamos a parar. Hay gente muy rara que se pasa la vida defendiendo lo democrático que es debatir y luego se les hace bola que haya dos debates entre cuatro candidatos en una misma campaña. Cuatro que no cinco porque Abascal se ha librado. Una lástima. Él era la novedad en un formato como éste. Y llegaremos a las urnas sin haberle visto debatir con nadie.

Con razón dijo su jefe de propaganda que a Vox le venía muy bien que la Junta Electoral no le dejara participar porque así podía seguir con el discurso éste de los pobres perseguidos y silenciados. El problema es que el jefe de propaganda lo dijo en un grupo de whatsapp con doscientos periodistas y a los que entendieron, con razón, que eso era noticia y lo contaron les han silenciado ellos en el grupos. Silencio y expulsión, la vendetta de los victimistas.

Debates, digo. Hoy el partido de ida, mañana el de vuelta. La revancha. El cruce definitivo.

Del papelón de Sánchez con esto de los debates les supongo ya enterados así que tampoco haremos mucha sangre. Para aquellos de ustedes que hayan estado los últimos cinco días en una cámara criogenizada o en el desierto del Gobi y sin cobertura, les resumo: el presidente y su equipo técnico habían llegado a la conclusión de que sólo les interesaba debatir si enfrente tenían a Vox, o a Rivera, Casado más Vox. El estribillo éste de las tres derechas, alerta antifascista y todo eso. Aceptó el debate a 5 de Atresmedia y rechazó el debate a 4 que ofrecía TVE. ¿Por qué? Porque a 4 no veía rentable debatir. Apareció la Junta Electoral y dijo que el tirón de Vox aún no está probado en las urnas, así que no se le podía convocar porque sería hacer de menos a Coalición Canaria y al PDeCAT. Atresmedia mantuvo el debate anunciado pero sin Vox, qué remedio. Y Sánchez, que el debate a 4 no lo quería, creyó haber encontrado la forma de torpedearlo: que TVE propusiera la misma fecha que Atresmedia. Dices: será que no hay días para hacer debates. Ya, pero tenía que ser el 23 para crearle un problema a los Rivera, Casado e Iglesias que ya se habían comprometido ese día con este grupo. El jueves estuvo el presidente en el programa de Julia Otero e hizo un ejercicio de escapismo chapucero que habría abochornado al pobre Houdini. Que si él está deseando debatir, pero tiene que ser en la pública y el 23, claro, no hay más días que el 23. Que si fueran formatos diferentes bueno, pero como son el mismo, para qué repetir, ya sabe usted. Que mejor regulamos por ley esto de los debates, pero ya para las próximas. En fin, coartaditas.

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Muy felices se las prometían en Casa Sánchez (escaqueándose del debate con el cuento de que los otros tres no amaban lo bastante a la televisión pública —que es la de todos y bla bla bla—) cuando se organizó un motín donde menos lo esperaban: en la tele pública. A alguien se le ocurrió preguntar allí a cuento de qué tiene que ser el debate el día 23 si habíamos propuesto el 22. Y la única respuesta posible era la verdadera: a cuento de que Moncloa le ha dicho a la jefa que tiene que ser el 23. Con la intención, burda, de reventar no un debate sino todos. El motín fue a más, la imagen de Rosa María Mateo se fue quemando como si fuera Notre Dame y Sánchez y su equipo de talentos tuvieron que recular de manera embarazosa. No sin antes dejar para la historia estas dos frases:

• Primera: 'qué remedio', versión pétrea del famoso si hay que ir se va.

• Segunda: 'hacer dos debates es un error impropio de una democracia establecida', tócate (con perdón) las narices. Con lo que nos gusta presumir de pioneros, de innovadores, y ahora resulta que hacer dos debates es una aberración.

Esta campaña sólo pasará a la historia por una cosa: la cantidad de dislates que están soltando por esa boca los candidatos. Porque hablar está hablando todos y diciendo lo que les de la gana, faltaría más. Incluido Abascal. Que va de perseguido por los medios (otro) como coartada para atribuirse el derecho a decidir qué televisiones deben seguir emitiendo y cuáles no. ¿Se acuerdan del Pablo Iglesias del 2014 predicando contra los medios de comunicación privados? Pues en eso está ahora el de Vox. En satanizar a algunos medios privados y en prometer, ésta es buena, que cerrará las televisiones autonómicas. Así, sin releer los estatutos de autonomía ni falta que hace.

Lo de las taifas debe de decirlo Abascal porque así suena a cosa árabe. Pero no, la Telemadrid en la que predicaba su fichaje no era árabe, era de Aguirre, como el propio Abascal. Con fundación autonómica incluida.

Es maravilloso que el mismo día que promete cerrar las autonómicas fiche para su partido a dos hombres de la órbita de Esperanza: Henríquez de Luna y Hermann Terstch. El primero fue su escudero en el ayuntamiento de Madrid; al segundo le dio un púlpito en Telemadrid en 2008, 'Diario de la noche'. En aquel tiempo la alergia a la televisión autonómica no parece que fuera tal. Ellos eran los taifas.