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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez tiene que tener presente que la multitud que se reunió en Colón representa a la mitad de España"

Hoy vemos amanecer en el Paseo de Recoletos de Madrid. A punto ya de que salga el sol. En esta jornada de radio #AlsinaTodoExterior. Saben que hoy el desafío de este programa es no pisar el estudio en toda la mañana. Calzados con nuestros Callaghan para pasear la calle celebrando la radio. La 'Semana de la Radio' en Más de uno.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  11/02/2019

 

Un poco más arriba de donde ahora estamos se celebró ayer la manifestación que hoy está en las primeras páginas de todos los diarios. No porque fuera la mayor manifestación de la historia —que no lo fue— pero sí porque fue la primera multitudinaria contra el gobierno de Sánchez y la primera que ha reunido a Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal. Ya puede disgustarle, incomodarle, molestarle al señor Rivera darle la mano al de Vox (ayer le esquivó el saludo) que el resumen de ayer (la foto de ayer, aunque metieran a más gente para diluir el trío) es la de los tres líderes ante una marea de banderas de España que representa no a toda la sociedad española (poca representación, en ese caso, sería) pero sí a la parte de esa sociedad que quiere urnas para derribar a Sánchez. Tres líderes políticos ante la marea de votos por los que compiten.

Y una multitud que representa a esa parte de España a la que el presidente haría bien en tener tan presente como tiene a las demás partes. Porque sin contar con esta parte del país no hay manera de resolver —ni siquiera de encauzar— ninguno de los problemas nacionales. Mucho menos el del empeño independentista por blanquear su intento de secesión por las bravas del año 2017 y de camuflar la autodeterminación en una falsa mesa de partidos de la que no forman parte ninguno de los partidos que estaban ayer presentes en Colón.

Carece de sentido incluso llamarse mesa de partidos a una reunión del independentismo con el PSOE y con Podemos. Tres a uno a favor de la autodeterminación. Y con media España fuera porque es a media España —lo quieran ver o no Sánchez e Iglesias— a quien representan el PP y Ciudadanos. Vox no sabemos aún a cuántos españoles representa porque aún no ha pasado por urnas generales. Estamos acostumbrados a escuchar que no es posible resolver la cuestión catalana con dos millones de catalanes independentistas en contra. Se escucha menos que no es posible resolverla con doce millones de españoles en contra. Doce millones sin contar con los votantes socialistas que tampoco comparten la política del presidente Sánchez en esta materia.

Cuántas veces ha dicho Sánchez que primero han de ponerse de acuerdo los partidos políticos en el Parlamento de Cataluña y después plantear ese acuerdo al conjunto de los españoles. Y, sin embargo, él le ha dado categoría de instrumento perfecto a una mesa de partidos catalanes en la que no está el principal grupo parlamentario de esa cámara y ha ofrecido al independentismo una mesa nacional en la que sabe que no estarán ni el PP ni Ciudadanos. Como sabe que esa mesa nunca serviría para solucionar la cuestión catalana. Como mucho serviría para solucionarle a él el problema de aprobar los Presupuestos del Estado. El Estado opresor y carcelero, según dicen los mismos con los que está intentando el pacto presupuestario. Con los que se ha intentado el enjuague que la propia Carmen Calvo vino a destapar el viernes en su comparecencia y con su documento.

¿Acaso no entiende el presidente que al mezclar ambas cuestiones —el apoyo a los Presupuestos a cambio de la mesa de partidos con relator incorporado— es él quién ha dinamitado su propio relato?

Caramelos para contentar a la infantería independentista y camelos para distraer al resto.

Sánchez no puede perder de vista (porque sus adversarios no lo olvidan) que llegó al poder como llegó. Cabalgando una moción de censura que votaron su grupo, el de Podemos y los independentistas (Esquerra, PDeCAT y PNV). Llegó de manera perfectamente legítima, eso es incuestionable. Pero también lo es, incuestionable, que nadie antes había llegado en esas condiciones al gobierno de la nación: sin haber ganado las elecciones y apoyándose en dos partidos cuyos líderes están procesados por rebelión en el Tribunal Supremo. Eso son hechos. No siempre ser el primero en hacer algo significa que seas más audaz que los demás. A veces sólo significa que eres más aventurero.

La moción de censura no se negoció. La moción de ha estado negociando ahora. Y se ha encontrado con los mismos problemas con que se habría encontrado de negociarse entonces. El independentismo prefirió a Sánchez porque siempre le vio, incluso con 155, proclive a dejarse enredar. Por su buena voluntad, dirá Lambán, por su obsesión por el poder, dirán los barones en privado. Pero ése es otro hecho. Lo auparon a la presidencia esperando de él esto: un enjuague, una operación de camuflaje para dar apariencia de normalidad, y de legalidad, a la autodeterminación de Cataluña. El juego de siempre de Puigdemont y compañía. Lo hicieron con las leyes de desconexión, lo hicieron con el referéndum y ahora quieren hacerlo con la maniobra de la mesa de partidos.

¿Y entonces, qué? ¿Ya no habrá más negociación con Torra y compañía?

Vamos a verlo. Porque ni Sánchez ni él han dicho que esto esté enterrado.

¿Tumbará el Congreso el miércoles los Presupuestos Generales del Estado?

Es lo probable. El gobierno sólo tiene apalabrado el voto favorable de Podemos.

¿Habrá elecciones generales en mayo?

Es cada vez más posible. El superdomingo. Todo o nada. Ya que mayo será, de una forma u otra, un plebiscito sobre Sánchez, elecciones al Congreso y a ver qué pasa. Con la España en blanco y negro y en un país multicolor.

Sánchez ya sabe usted cómo es. Perseverante. Resistente. Manual de la resistencia, capitulo 2. Si te montan una manifestación multitudinaria para exigirte urnas, agita el fantasma de que vienen las derechas ante aquellos que tienen en su mano salvarte el sillón.