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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez ni olvida ni perdona y aplica la guillotina que excluye al disidente"

Esto ya lo decía Juncal. El matador de toros. Al que encarnó el inmenso Paco Rabal. 'Tomo nota'.

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 18/03/2019

Tomaba nota. Por lo que pudiera pasar. Susana Díaz no es Juncal. Ni Paco Rabal. Pero ella también toma nota.

¿Ella de qué toma nota? Pues de que Pedro está arriba, con aires de ganador, y ella está abajo con cara de derrotada. Es decir, que ella aún aguanta como capitana del PSOE andaluz, pero él ha ascendido a general del Partido Socialista en toda España. Ella puede aspirar, y maniobrar, para garantizarle un escaño a alguno de los suyos (al susanismo menguante) pero es él quien tiene ahora la última palabra. Lo de la militancia está muy bien pero las listas, en el PSOE, las hace (y por tanto, las deshace) la dirección nacional donde reina Sánchez. El líder quita y pone nombres. Limpia de susanistas los puestos de arriba y hace sitio a los suyos, los pedristas (que desde que es presidente se reproducen, con perdón, como los conejos). Pedro le gana el penúltimo pulso a Susana y ella, qué le va a hacer, dice que toma nota.

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Toma nota la señora Díaz. Toma nota el señor Lambán. Toman nota todos. En realidad de lo que toman nota los barones socialistas es de que el próximo grupo parlamentario van a tener pocos partidarios. Y de que si hoy todavía resisten ellos es porque tienen unas elecciones autonómicas en breve. Al que no revalide la presidencia le espera la extinción, y en el caso de Susana Díaz ya lo intentó y ya no la revalidó. Aquella historia que empezó en 2016, cuando el PSOE se quebró, Sánchez perdió el pulso, dimitió, se propuso resucitar y rompió con Luena va terminando de escribirse ahora. Ni olvida ni perdona. En su argumentario de campaña predica la España diversa que no excluye a nadie pero en su desempeño como general secretario del PSOE aplica la guillotina que excluye al disidente. Y también, al que habiendo intentado acabar con Sánchez se fingió luego más pedrista que ninguno para intentar salvar el escaño. Con el final de legislatura europea se acaba José Blanco. El viceZapatero al que la derecha de entonces apodó Pepiño. El fontanero jefe de Ferraz, el gurú de las encuestas, el muñidor de estrategias, el fabricante de eslóganes, el gran propagandista de su tiempo. Se acabó José Blanco, mentor de Sánchez hace tropecientos años pero susanista, como su jefe Zapatero, hace sólo dos. Todo el fervor pedrista que exageró el señor Blanco estos últimos meses no le ha servido para mantener el sillón. Pedro no paga estertores.

Hoy el periodismo consiste en contar que Rivera ha fichado a Edmundo Bal a quienes no saben quién es Edmundo Bal.

Tiempo de fichajes. Unos le salen mejor que otros al consejero delegado de Ciudadanos. Él y Casado son los que más figuras de fuera de la política están convenciendo para que den el paso. De Edmundo Bal casi nadie conocía su nombre hasta hace cuatro meses. Un abogado de Estado que hacía su trabajo sin más repercusión pública. Pero aquel era el tiempo en que Sánchez reclamaba empatía para encauzar la cosa catalana. Aquel fue el tiempo en que el gobierno nos recordó a todos que la abogacía del Estado personada en la causa del procés no era un ente autónomo que pudiera tomar sus propias decisiones, era un instrumento del gobierno. Y si el gobierno quería rebajar la acusación a los procesados del Supremo, la rebajaba. De rebelión a sedición. Lo siguiente fue que el gobierno apartaba de su puesto de jefe del departamento penal a Edmundo Bal, el abogado del Estado que ayer se estrenó como candidato.

La lista de fichajes de las últimas horas la completa Marcos de Quinto, ex directivo de Coca Cola, por Ciudadanos. Juan José Cortés, pastor y activista por la permanente revisable, por el PP en Huelva; como los periodistas Pablo Montesinos y Cayetana Álvarez de Toledo, también con el PP, serán números 1 de Málaga y Barcelona. Sánchez ya hizo sus fichajes cuando formó gobierno y ahora coloca de cabezas de cartel a los ministros.

Los fichajes que, a menudo, son flor de un día electoral. Sirven para transmitir la idea de que el partido político que los convence tiene un proyecto atractivo, está vivo. Hasta ahora Podemos es el único que no ha anunciado ningún nombre de campanillas. Pero dijo ayer Echenique que están ello.

Están evaluando la posibilidad de convencer a alguien. Esto debe de significar que aún no lo tienen convencido. O ni siquiera han decidido a quien pueden intentar convencer. Entretanto, se entretiene Echenique opinando sobre lo mal que le parecen los fichajes que hacen los otros. Están verdes las uvas, están verdes.

Puigdemont no va a regresar a Barcelona pero su criatura, Torra, sí regresa a Madrid. Le ha cogido gusto a viajar a la capital del Estado opresor a demostrar que no existe ni libertad de expresión, ni de opinión, ni de manifestación manifestándose, opinando y expresando lo que le viene en gana. El único lugar de Madrid que sigue rehuyendo el president es el Congreso de los Diputados.

El sábado disfrutó de la cálida jornada madrileña, sintiendo el calor de las decenas de miles de independentistas que pasaron una jornada muy grata en la Cibeles (diosa madrileña donde las haya) exhibiendo sus pancartas, entonando sus consignas, poniendo a parir al Estado español y su democracia, llamando fascistas a quienes niegan que la autodeterminación sea un derecho y alertando de la represión que sufren todos ellos a sólo unos metros del cuartel general del Ejército. Ahí estaba la presidenta de la Academia del Cine Catalán queriendo volar para apartarse de la miseria cultural del Estado español.

Y ahí estaba el portavoz de la CUP, Riera, sintiéndose Pasionaria, o miliciano del 36 en la Ciudad Universitaria.

Madrid dejó paso a quienes quisieron manifestarse aquí, con el permiso de la autoridad competente. Montaron su escenario, soltaron sus mítines y cantaron, naturalmente, la estaca. Todo para exhibir la unidad que, en realidad, no existe entre los partidos independentistas: Esquerra, el PDeCAT, la CUP. El tripartito dirigido por hombres pero al que nadie llama trifálico. Si en Colón fueron tres periodistas los que leyeron el manifiesto y les cayó (con razón) la del pulpo, en Cibeles fue una periodista quien leyó el manifiesto y casi nadie se ha enterado. Patricia López, del diario Público.

Disentir era considerado terrorismo. ¿Por quién y cómo? ¿Eso cuando ha pasado? Sostiene la activista que lo del sábado no fue una manifestación secesionista, sino republicana y por el derecho a decidir, es decir, la autodeterminación. Que, en su opinión, es un derecho. Aunque el independentismo no reconozca a los demás el derecho a negar que lo sea y a actuar en consecuencia. Ya lo comprobamos aquí el día que estuvo Torra.

El presidente Sánchez, que desempeña ese cargo, presidente, porque Puigdemont y Junqueras dieron instrucciones a sus diputados para que votaran la moción de censura, intenta hacer olvidar ese factor que ahora le resulta incómodo. A base de subir el tono contra el independentismo, ahora dice el presidente que este Torra al que él trató con guante de seda en Pedralbes y este gobierno catalán con el que estuvo negociando por whatsapp la señora Calvo va en contra de todos los catalanes. Campaña, campaña.

Esto ya se lo soltó Sánchez a un senador de Esquerra Republicana en un debate parlamentario y recibió, como es natural, esta respuesta a modo de recordatorio.