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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Salta a la vista que al PP se le dan mejor las negociaciones que las elecciones"

El lunes siguiente a las dos imágenes impactantes que nos deja el fin de semana: la de un arzobispo con casco oficiando misa en Notre Dame… (él y los trece curas que le acompañaron, con los escombros aún en la catedral), y la de Mariano Rajoy en bañador estampado lanzándose al agua desde la popa de un yate en Ibiza. La nueva vida del único presidente que cayó en una moción de censura. Desinhibido, dicen las crónicas, fiestero, discotequero y bailongo. (Hay gente en su partido que aún no le ha perdonado que entregara el poder a Sánchez en lugar de convocar elecciones anticipadas).

Carlos Alsina
  Madrid | 17/06/2019

Ha sido un fin de semana pródigo en imágenes llamativas.

La cara de ni yo mismo me lo creo que se les quedó a los nuevos alcaldes de Burgos y Huesca. Socialistas los dos. El primero, Daniel de la Rosa, elegido contra pronóstico porque era una de las víctimas del pacto de los demás: PP, Ciudadanos y Vox. El viernes parecía que iban a ser los concejales del PP los que se rebelaran contra la dirección nacional por haber aceptado dar la alcaldía a los naranjas, con sólo cinco concejales de 27, y al final fueron los de Vox los que no votaron al de Ciudadanos.

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En Huesca fue un voto en blanco, presumiblemente de Ciudadanos, el que frustró la suma que le iba a dar la alcaldía al PP e hizo alcalde a Luis Felipe. Que el primer sorprendido fue él lo acredita que ni siquiera se había preparado un discurso.

A Vox no le ha sentado bien que el alcalde sea socialista y anuncia ya moción de censura. Como la ha anunciado Javier Maroto, el PP, en Burgos, para deshacer lo que salió el sábado. Vamos a ver, queridos niños, las mociones de censura están pensadas para descabalgar a un alcalde por su mala gestión, no para enmendar el fiasco de un pacto entre los que perdieron. Decidir una moción de censura sin que el alcalde haya gobernado medio minuto se llama fraude, es prostituir un instrumento pensado para otra cosa. De nada.

A diferencia del nuevo alcalde de Huesca, Xavier García Albiol llevaba cuatro discursos preparados el sábado porque se olía que podía pasar lo que acabó sucediendo. Que con tal de impedir que él gobernara (tiene once concejales de 27), se pusieron de acuerdo el PSC, Esquerra Republicana y la marca local de Podemos para hacer alcalde al socialista Alex Pastor, tercero en las urnas.

Los socialistas catalanes pactaron también con Esquerra y la CUP en Sant Cugat para darle la alcaldía a los de Junqueras e impedir que la tuvieran los puigdemones, ganadores de largo en las urnas. Con bronca entre independentistas de Esquerra e independentistas de Convergencia: los segundos acusando a Esquerra de haber pactado con los del 155 y los primeros recordando la corrupción de Convergencia.

En Santa Coloma de Farners había pactado el PSC con los puigdemones en detrimento de Esquerra, y eso había encendido a los seguidores de este partido contra la candidata socialista, Beatriz Ventura. Que visiblemente agobiada por las cosas que le gritaban en el pleno negó que ella sea del 155 y reclamó el indulto para los procesados por rebelión.

No es fácil, como se ve, defender los procedimientos judiciales ante un grupito de exaltados insultones. En este pueblo es donde reside la familia Torra y donde el president en persona maniobró para imponer a los suyos que rompieran con el PSC y pactaran con Esquerra. A los socialistas los han dejado plantados.

Imágenes del fin de semana: dentro del ayuntamiento de Barcelona, la cobra que le hizo Manuel Valls a Joaquim Torra. Tú me vas a dar la mano, yo te la rechazo. Por no actuar como presidente de Generalitat sino como activista contra España. Le madrugó el protagonismo Valls a Ada Colau —alcaldesa que le debe su cargo a él— y a Joaquim Forn, procesado por rebelión a la espera de sentencia.

'No hay ni presos políticos ni exiliados'. La alcaldesa se apresuró a colgar un lazo amarillo para que nadie piense que además de deberle el puesto a Valls, se ha hecho vallsiana y amante del Código Penal del Estado opresor.

Fuera del ayuntamiento, los insultones. Agitadores enrabietados porque Esquerra se ha quedado sin bastón municipal que llamaban vendida a la alcaldesa, botiflers a sus seguidores y zorras a sus seguidoras.

En Pamplona, un grupito de vecinos exaltados increpando en la calle a Maite Esporrín por no haber apoyado a Bildu para que Asirón siguiera de alcalde.

Bildu pierde la alcaldía y la gana Navarra Suma, la coalición conservadora que forman UPN, el PP y Ciudadanos. Gobierna la ciudad Enrique Maya. Ahora falta saber qué pasa en el gobierno foral, donde Bildu tiene dicho que no facilitará la investidura de María Chivite y donde ésta también tiene dicho que no facilitará la de Esparza. Debe de estar Uxúe Barcos poniéndole velas a la virgen del Camino, a ver si en una de éstas lo que sale adelante es lo suyo.

En Madrid, donde Ciudadanos prolongó el suspense todo lo que pudo (y Vox también, exigiendo que Villacís les hiciera un mimo), sucedió lo que el viernes anticipamos ya aquí: Martínez Almeida es el nuevo alcalde, Villacís es su segunda. Vox no tendrá puestos en la primera línea del gobierno municipal pero sí en algunos distritos. Se acabó la era Carmena, alcaldesa de sólo cuatro años. Que, en la hora del adiós, creyó oportuno criticar que habiendo ganado ella con claridad las elecciones, vaya a gobernar el PP con el peor resultado de su historia.

Es verdad que el PP, otrora hegemónico, vive tiempos de cosecha escasa. Tan verdad como que sus votantes de otros tiempos se han repartido ahora entre Ciudadanos y Vox. Quienes basaron su campaña en advertir del pacto que, si duda, alcanzarían las tres marcas conservadoras tienen poco motivo para escandalizarse. Si habiendo dado por hecho ese triple pacto los votantes no le han dado a la izquierda músculo suficiente para gobernar, entonces tendrá que aceptar Carmena que los votantes —según su análisis de la cosa— deseaban que hubiera ahora un gobierno como éste.

Viendo cómo queda el mapa de las alcaldías, salta a la vista que al PP se le dan mejor las negociaciones que las elecciones. Ha conseguido que Ciudadanos le haga de costalero en casi todas partes sin que ello les haya reportado a los naranjas sillones relevantes. No, desde luego, los de las principales alcaldías en juego, excepción hecha de Granada y de Melilla, seguramente la más controvertida de las presidencias autonómicas porque la va a desempeñar Eduardo de Castro, el único diputado de Ciudadanos en la Asamblea local (1 de 25) que, además, ignoró las instrucciones de Rivera y se postuló como aspirante aglutinando los votos del PSOE y de Coalición por Melilla, la formación izquierdista de Aberchán. Otro escenario donde el pacto PP-Ciudadanos naufragó por la rebeldía de los cuadros locales naranjas.

El PP le gana la carrera de los pactos a Ciudadanos y se la gana a Vox, que después de tanto amagar con la ruptura si no se les trataba con guante de seda y se les incluía en los gobiernos ha tragado con votar al que en cada sitio tocaba (excepto en Burgos) sin que Ciudadanos haya levantado el veto a que tengan concejalías. Casado, Egea y Maroto han rentabilizado con éxito los magros resultados de un partido menguante.