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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Para estar abogando por la reconciliación, lo que ha conseguido López Obrador es generar discordia"

Sostiene el presidente de México que ya es hora de que usted y yo nos reconciliemos con los pueblos indígenas.

@carlos__alsina | Madrid
| 26/03/2019

Tenemos que reconciliarnos porque no estamos aún bien conciliados. López Obrador, presidente muy reciente de México, aunque político desde hace décadas, político de izquierdas, reveló ayer que ha enviado una carta al Rey Felipe para instarle a que España (que somos todos) se disculpe con los pueblos que sufrieron lo que él llama la invasión.

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Al Papa también le ha enviado una carta porque la Iglesia Católica formó parte de la invasión y porque excomulgó después a Hidalgo y a Morelos, líderes de la independencia mexicana (no parece que guarde mucha relación lo uno con lo otro, pero al presidente mexicano le vale para meterlo en el mismo saco).

Él mismo anuncia que pedirá perdón. Dices: normal, si es nieto de un español de Cantabria y descendiente, por tanto, de los invasores, no de los invadidos. Ya, pero no va a pedir perdón por eso. Va a pedir perdón, como jefe del Estado mexicano, por la violación de derechos humanos que cometieron ya los mexicanos independizados.

El gobierno de España difundió anoche una nota que en términos diplomáticos puede considerarse de globo notable. Lamenta que se haya difundido la carta al Rey y la rechaza con toda firmeza. Porque lo que ocurrió hace quinientos años no puede juzgarse, dice, a la luz de consideraciones contemporáneas.

El Rey, que se sepa, no ha respondido a la carta. Ni se sabe si la va a responder.

Al secretario general del PP, García Egea, le preguntó anoche Juan Ramón Lucas.

Para estar abogando por la reconciliación que él considera pendiente y necesaria, lo que ha conseguido de momento López Obrador es generar discordia.

A cinco semanas de las elecciones generales, Adriana Lastra le ha copiado el sonido de las sirenas a Pablo Iglesias. Tres meses después.

Alerta antifascista, proclamó Iglesias después de las elecciones andaluzas. Vox había entrado con doce diputados en el Parlamento autonómico y eso significaba que la democracia estaba en peligro. Esta democracia averiada, limitada, intervenida y sometida a la voluntad de los bancos y los poderosos que tenemos, según el mismo Iglesias.

Andalucía se precipitaba hacia el fascismo con el gobierno del trifachito y todo aquello. Luego pasaron dos cosas:

· Que en Podemos llegaron a la conclusión de que era una mala idea llamar a la movilización porque lo que conseguían era movilizar aún más a los de enfrente (como le había pasado a Susana Díaz en sus debates televisados).

· Y que empezó a gobernar Juanma Moreno con Juan Marín (llevan ya dos meses) sin que conste que hayan sido arrasadas ni las libertades públicas ni los derechos civiles en Andalucía. De hecho, no parece que la sociedad andaluza haya notado un terremoto en su vida cotidiana.

Ahora es Adriana Lastra quien toma el relevo de Pablo Iglesias y llama a la movilización general contra el fascismo que está a las puertas del Congreso, como ella ha leído.

Lo que hace tres meses se interpretaba como una mala idea —al tratar de movilizar a los tuyos puedes acabar estimulando el fervor de los contrarios— ahora lo ha asumido el PSOE como bandera. Frenar al fascismo. Aquí todo el mundo aspira a ser la Pasionaria pero sin arriesgar un miliciano en la Ciudad Universitaria.

Cuando la número dos del PSOE dice ‘tenemos que ir a votar todos’ se refiere a ‘todos’ los que votan al PSOE. Porque si votan todos los que simpatizan con Vox poco se va a frenar a Vox, obviamente. La movilización que requiere el PSOE es la de los votantes de izquierdas, sobre todo aquellos que, defraudados con Podemos, han puesto ahora sus ojos (o los han regresado) a las siglas del PSOE. Decíamos ayer que en Ferraz y Moncloa (tanto monta monta tanto) dan por hecho que ganan pero temen que airear en exceso esa convicción deje a los votantes tomando el sol ese día y sin pasarse por el colegio electoral. Cosa que los simpatizantes de Vox no van a dejar de hacer. Ahí tiene usted a Ortega Smith, este señor que siempre habla alto y dice todo el tiempo créame, presumiendo de que las encuestas son para ellos aún mejores de lo que los medios (ay los malvados medios) se atreven a publicar.

En esto también coinciden Vox y Podemos, por mucho que a los votantes del uno y del otro les indigne muchísimo que se les compare. Si no es comparación, hombre, es constatación. De que a los dos partidos los grupos de comunicación les parecen el enemigo; de que los dos sostienen que ésta es una democracia falseada; y que los dos están convencidos de que las encuestas les van a sonreír cada vez más. Porque dice Echenique que a Podemos se le dan muy bien las campañas.

A Podemos le funcionó regular lo de la alerta antifascista, lo intentó después con los trillizos reaccionarios (copyright de Irene Montero) y lo vuelven a intentar ahora cambiando el tercio y haciendo sonar las sirenas contra los grupos de comunicación y los bancos. Alerta antibancaria. Alerta antimedios. Podemos ha sacado la máquina de prohibir y quiere llenar la actividad privada de prohibiciones.

Su amigo Rufián, que es un recién casado feliz (acaba de casarse con Otegi para estas elecciones) tiene siempre la vista puesta en lo que sucedió hace ochenta años (la guerra civil). Él es capaz de ver el hilo directo que conecta a Albert Rivera, por ejemplo, con Queipo de Llano.

Lo que habría dado Rufián por haber nacido hace cien años para poder haber luchado de verdad contra el fascismo. De verdad, no esta función teatral perpetua en la que está instalado. Tachar de fascistas a los demás mientras tú te derrites por alguien con el pedigrí democrático de Otegi (treinta años aplaudiendo crímenes) es para hacérselo mirar.