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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Vamos a ver cuánta prisa se da Torra en desobedecer a la Junta Electoral"

Habló la Junta Electoral El árbitro del juego limpio.

@carlos__alsina |  Madrid |  12/03/2019

Habló la Junta Electoral e hizo tres cosas:

· Le puso deberes a Joaquim Torra, ese hombre.

· Le dio un disgusto a Ciudadanos y al PP.

· Y le salvó el puesto a la ministra Celaá. Podrá seguir hablando los viernes la ministra al término del consejo de ministros. Para informar, eh, sólo para informar. No para soltar mítines y pedir el voto desde el palacio de la Moncloa, que aunque no lo parezca no es del PSOE sino de todos.

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No ha habido gobierno en España que no haya presumido de distinguir escrupulosamente el interés general del interés del partido que sustenta al gobierno. Y no ha habido gobierno en España que no haya aprovechado la sala de prensa de Moncloa (y el Boletín Oficial del Estado) para ganar ventaja en la contienda electoral. Recurrir a la Junta Electoral para que impida que el gobierno de Sánchez dé ruedas de prensa los viernes es una de las bobadas más solemnes que se han hecho últimamente en la política española. Naturalmente que la Junta Electoral no va a prohibir que un gobierno dé ruedas de prensa. No existe la censura previa. Sobre todo porque la rueda de prensa del consejo se inventó para explicar a la opinión pública las decisiones que tomaba el gobierno, no para arremeter contra los demás partidos y hacer oposición a la oposición. Ésta es la perversión de ese instrumento. Y en la que ha incurrido también el gobierno de ahora. Los viernes de sesión de control a la oposición, pero sin posibilidad de que ésta se defienda.

Lo que podrá hacer, si acaso, la Junta Electoral es recordarle al gobierno lo que éste ya sabe: que abusar de su posición (y su poder) es lo contrario del juego limpio. Si de aquí a las elecciones incurren la señora Celaá o la señora Calvo (que es la verdadera portavoz de ese gobierno) en algún ejercicio burdo de autobombo, podrán pedir el PP y Ciudadanos (o Podemos) que le saquen la tarjeta amarilla. El autobombo, para los mítines. Con el homenaje aquél a sí mismo que se dio el presidente Sánchez el día que anunció la fecha electoral ya abusó del atril de la Moncloa lo bastante como para abochornar a los más veteranos de la casa.

Habló la Junta electoral y le dijo a Torra que se ponga a limpiar fachadas.Que envíe unos operarios a retirar las lazos amarillos y las banderas independentistas de los edificios públicos de Cataluña. Ah, es que a mí me gustan mucho los lazos amarillos. Estupendo, te los pones en tu casa. Es que la bandera estrellada me entusiasma. Estupendo. Te va a quedar preciosa en el dormitorio. Los edificios oficiales son otra cosa. Porque son de todos. Es que soy el president de la Generalitat. Pues por eso. Porque eres el president, o deberías serlo, no el jefe de propaganda del comando Waterloo. Cuarenta y ocho horas le da la Junta al señor Torra para que limpie de símbolos partidistas (que eso es lo que son los lazos amarillos y las esteladas para el árbitro electoral) las sedes oficiales. Vamos a ver cuánta prisa se da Torra en desobedecer a la Junta Electoral. Debe de estar consultando a los abogados —a ver si hasta ahora me he cuidado de no hacer nada que me comprometa y por unos lazos amarillos me voy a buscar la ruina— mientras en el otro teléfono tiene a Puigdemont, dando instrucciones. Ni un paso atrás, Joaquim, ni un paso atrás. Aprende de mí. Pero si tú todos los pasos los diste hacia la frontera y corriendo, qué me vas a contar. Apreteu, Joaquim, apreteu. Tú deja estar los lazos y resiste.

Vamos a ver qué hace la Generalitat de Cataluña, tan deseosa siempre del diálogo y el respeto institucional. Porque de la respuesta que le dio el consejero Bosch al diputado Carrizosa cuando éste le reclamó que quitaran los lazos se desprende que no los van a quitar.

Albert Rivera estuvo anoche en Televisión Española. Huidizo, escurriéndose, haciéndose el loco cada vez que Carlos Franganillo le preguntó por las primarias de su partido en Castilla y León. La operación Silvia Clemente ha acabado siendo lo que desde el comienzo pareció que era: un despropósito. La persona que hasta un día antes había estado intentando que le dieran un buen puesto en las listas del PP aterriza al día siguiente en Ciudadanos poniendo a parir al partido del que viene y presentádose (o dejándose presentar) como el revulsivo que necesitaba Ciudadanos en la región. Aquí estoy yo para convertiros en algo. Ahí estuvo Villegas, escudero del jefe Rivera, poniéndole la alfombra roja a la recién fichada y evidenciando que era ella, y no el otro, la candidata a la que debían elegir los militantes en las primarias. Ella, y no Igea. Traes a alguien de fuera para darle el cartel electoral y lo primero que consigues es que se te revuelva el partido por lo que entiende que es una cacicada. Lo segundo, que se celebren las primarias y haya tongo. Ayer Villegas celebró que el sistema esté tan perfeccionado en su partido que cualquier anomalía se detecta inmediatamente y se corrige. Hombre, Villegas. No estará tan perfeccionado cuando el sábado se proclamó oficialmente la victoria de la señora Clemente. No estará tan perfeccionado cuando tuvo que ser el rival, Igea, quien se descargara las actas de la votación y detectara que ahí habían pasado cosas raras.

El ganador ahora es Igea y hasta aquí llego la operación Clemente.

Anoche Albert Rivera perdió una oportunidad extraordinaria de explicar a sus militante, y al resto de la opinión pública, qué ha pasado. Qué le ha pasado a su fichaje y qué ha pasado con los 81 votos que no eran. El afán por escurrirse del tema, la actitud de esto no va conmigo, el esfuerzo pueril en hablar de Clemente como si fuera una más de una constelación de independientes que concurren a las primarias naranjas fue una exhibición de cómo convertir un episodio chusco en un episodio aún más chusco. Es una regla impepinable de la acción política: si te preguntan por lo tuyo y respondes hablando de lo de otros, es que el asunto es turbio.

Silvia Clemente, cuyo triunfo fue tan breve como el de La La Land en los Oscar, se ha ofrecido a Francisco Igea para formar parte de su proyecto. Puede esperar sentada. Ni forma ni va a formar. Rivera dijo anoche dos veces que Igea forma parte de su equipo porque es dirección nacional. Precisamente por eso Igea no va a olvidar fácilmente que fue la dirección nacional a la que pertenece quien intentó moverle a él la silla.