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Monólogo de Alsina: "Silencios estruendosos"

Ya toca hablar claro. Salir a contarle abiertamente a la opinión pública —a la gente, al pueblo, a la ciudadanía— qué es lo que va a hacer cada uno de los partidos políticos a partir de mañana.

Carlos Alsina |  Madrid |  Actualizado el 17/08/2018 a las 18:38 horas

Esta noche el Congreso responderá a la pregunta que el Rey le hizo en julio: ¿da su confianza al candidato a presidente que les propongo? Por segunda vez el Congreso responderá “no”. Majestad, su propuesta no es aceptada. Esta noche Rajoy dejará de ser el propuesto para ser el rechazado. Como Sánchez en marzo. Tienen dos meses los grupos parlamentarios para moverse, negociar entre ellos, dar razones al rey para que haga una nueva propuesta y, en consecuencia, para que el Parlamento se pronuncie de nuevo. Eso, o quedarse mano sobre mano —como pasó en abril y mayo— esperando a que los días vayan pasando.

Quienes ansiaban ver a Rajoy probando la medicina de la derrota, ya tienen lo que deseaban. Rajoy perdió la mayoría absoluta hace ocho meses, su partido ha perdido casi todo el poder territorial que una vez tuvo, y hoy va a perder la confianza de la cámara. Visto en la perspectiva de los cinco años que nos separan del ocaso de Zapatero, no parece que la trayectoria electoral del actual presidente sea muy exitosa. Pero siendo eso así —sólo ha gobernado una vez y su partido se ha desangrado—, sigue teniendo más apoyo parlamentario que ningún otro candidato. 170 diputados. Es, como diría Jordi Sevilla, quien más respaldo parlamentario —y electoral— tiene. Y ésa es hoy su fortaleza frente a quienes desean verle finiquitado.

Votar “no” sin ofrecer alternativa no es apostar por un gobierno que haga políticas distintas, es apostar porque siga sin haber gobierno y porque haya elecciones de nuevo. Y en esa posición, la de decir “no” sin ofrecer otra salida sólo está, a día de hoy, y desde hace dos meses, el Partido Socialista. Podemos y los independentistas siguen alimentando el espectro de un gobierno de izquierdas, con presidente socialista y partidario de la autodeterminación, una criatura de ficción que sólo existe en la imaginación de un Gabriel Rufián, pero que le permite a Podemos retar a Sánchez a perder unas semanas haciendo creer que el franskenstein es posible.

Quienes aún consideren que entre sus obligaciones políticas se encuentre la de contarle claramente a la opinión pública —a la gente, al pueblo— cuáles son sus planes, tienen una magnífica oportunidad de demostrarlo.

Rajoy, si lo desea, puede aclarar mañana mismo si pretende intentar de nuevo su investidura después de las elecciones de Galicia y el País Vasco.

Sánchez, si hubiera querido, podría haber aclarado ya si está por intentar investir a un presidente distinto —él mismo— o por dejar que pasen otros dos meses en barbecho hasta que las nuevas elecciones queden convocadas.

Es probable que nadie, en realidad, nos aclare nada. La transparencia se esfuma cuando la táctica —partidista— manda.

Van a seguir alimentando la incertidumbre tirando de una nueva coartada: que entre la investidura fracasada de hoy y la campana que dentro de dos meses marcaría el final de otra legislatura diminuta hay unas elecciones autonómicas en Galicia y en el País Vasco. Van a intentar convencernos de que lo razonable es esperar a ver qué pasa el 25 porque dependiendo del resultado algún partido podría cambiar de idea sobre lo que le conviene a España. Van a intentar convencernos de que habiendo elecciones es comprensible que los partidos oculten sus verdaderas intenciones. Van a intentar convencernos, en fin, de que lo suyo es detener el juego y dejarlo todo como está hasta dentro de un mes. Otro mes. Y van nueve desde las elecciones de diciembre.

A Pedro Sánchez ya no le queda ni el consuelo de leer la prensa extranjera. El día que no es el Financial Times el que le tacha de incoherente es el New York Times quien le dice que se abstenga. Tampoco es que estos dos diarios tengan mejor información que los medios españoles: no han hecho otra cosa que asumir la tesis mayoritaria de los diarios nacionales —y desde luego en Ferraz el editoriales del New York Times no tiene la menor influencia— , pero agradable no es para el líder socialista verse urgido también por diarios de fuera a doblar el brazo y hacer posible un gobierno. Sólo queda que el Observatore Romano le pida también, por Dios, que se abstenga.

El PSOE se prepara para un otoño convulso. Sánchez sigue vivo mientras el gobierno de España siga en el aire. Después, ya no se sabe. Hay congreso federal pendiente y hay movimientos territoriales. Los barones, en un alarde de coraje, guardan silencio. Cómo será la cosa que se considera noticia que salga García Page a decir, bajito, que hombre, igual no estaría mal reunirnos para analizar lo que está pasando.

Tímidos movimientos de una baronía replegada. El Confidencial cuenta esta mañana que a Miquel Iceta —hombre muy en sintonía con Pedro Sánchez— le disputará el liderazgo del PSC la alcaldesa de Badalona, Nuria Parlón, que es más de Eduardo Madina, el diputado mudo al que no se cansa de cubrir de flores Susana Díaz, también silente. Silenciosos estruendosos que anticipan que, en un sentido o en otro, no se va a librar el partido de una formidable tormenta.